| Ángel Borja | Investigador
de Azti
«El litoral vasco ha
experimentado en los diez últimos años
una recuperación espectacular»
La vida ha vuelto con
fuerza a una costa que no hace demasiado figuraba
entre las más contaminadas del mundo. Un
científico lo cuenta con pelos y señales
B. OLAIZOLA
El doctor e investigador de Azti Ángel
Borja ha coordinado junto al profesor inglés
Michael Collins un trabajo que recopila las principales
investigaciones sobre el medio marino vasco que
se han realizado en los treinta últimos
años. La tarea le ha proporcionado un exhaustivo
conocimiento de la evolución que ha experimentado
la situación biológica del litoral.
«La recuperación en los diez últimos
años ha sido espectacular», sentencia.
-¿Cuál es la situación
actual del medio marino en Euskadi?
-Si se observan las cosas con cierta
perspectiva podemos decir que en los diez últimos
años se ha producido una recuperación
evidente del litoral.
-¿Cuáles han sido las causas?
-La desaparición de industrias
contaminantes y la paulatina introducción
de redes de saneamiento que incorporan depuradoras
para el tratamiento de residuos.
-La situación de partida no era
muy alentadora.
-La verdad es que en los años
sesenta el litoral vasco llegó a alcanzar
una degradación alarmante por efecto de
la contaminación. Aún recuerdo perfectamente
aquellas concentraciones de espumas procedentes
de las papeleras que podían verse en los
estuarios del Oria y el Urumea. El Oria se situaba
a la cabeza de los ríos más contaminados
de Europa.
-¿Qué efectos tenía
esa polución?
-Se producía una anoxia (ausencia
de oxígeno) total que impedía que
se desarrollase cualquier clase de vida en los
estuarios. La situación empezó a
dar la vuelta con las crisis de los años
setenta, cuando empezaron a cerrar muchas empresas.
Más tarde se introdujeron cambios en los
procesos de producción y el medio ambiente
empezó a mejorar. Los procesos de saneamiento
de hoy en día y el cierre de empresas con
gran capacidad de contaminación como Altos
Hornos de Vizcaya han hecho mejorar la situación
de forma ostensible.
-¿Qué zonas se encuentran
ahora en peor estado?
-La bahía de Pasaia y las desembocaduras
del Nervión y del Deba siguen siendo las
áreas más contaminadas. Pero insisto,
ha habido una evolución que podría
calificarse de espectacular. Hay que recordar
que el Nervión no tenía en 1995
vida más allá de Altos Hornos y
ahora la vida marina ha avanzado río arriba
hasta llegar hasta el museo Guggenheim, lo que
quiere decir que ha ganado entre diez y quince
kilómetros. En el Oria y el Oyarzun la
situación era similar. En este último
caso sólo podían hallarse restos
de vida en el canal de entrada. Hoy en día,
por el contrario, no es posible hallar un estuario
en el que falte la vida marina.
-Hay quien no ve tan clara esa recupración.
-Lo que pasa es que no se aprecia a simple vista.
Te encuentras con gente que te habla de que antes
se pescaban ejemplares de mayor tamaño
o especies que ahora ya no se encuentran con facilidad
aquí. Pero es que la memoria es bastante
débil y siempre te da la impresión
de que antes todo era mejor, todo era más
grande. Pero la realidad a partir de los datos
contrastados de varios años es que la situación
ha mejorado mucho. Es cierto que es posible que
alguien diga que antes se pescaban besugos y que
ahora ya no se pescan pero eso ya tiene más
relación con aspectos climáticos
que con la calidad del medio. Ahora no es posible
echar toda la culpa a la contaminación.
Hay otros factores como el calentamiento global
que pueden estar influyendo más en cambios
de este tipo. En realidad no es que las especies
desaparezcan, sino que se distribuyen latitudinalmente
y se van más hacia el norte o más
hacia el sur en función de su relación
con la temperatura del agua.
-¿Cómo ha afectado el vertido
del Prestige al litoral vasco?
-Ha tenido una incidencia limitada. En febrero
del año pasado, cuando el fuel llegó
hasta aquí, las mediciones de especies
como los mejillones nos daban niveles de hidrocarburo
por encima de los límites habituales. Sin
embargo, los últimos análisis nos
indican que los niveles de hidrocarburo han disminuido
hasta los que encontrábamos antes de que
llegase el fuel. La afección ha sido por
tanto muy limitada, por debajo de lo que inicialmente
se llegó a sospechar.
-¿Cuáles son los retos
desde el punto de vista científico?
-Un mayor conocimiento de las plataformas continental
y abisal. Sabemos muy bien lo que pasa en la costa
y los estuarios pero nuestros niveles de conocimiento
de lo que ocurre mar adentro todavía dejan
mucho que desear. El problema principal es que
es muy costoso trabajar a esas profundidades.
De hecho, hasta el verano pasado no se había
hecho ninguna campaña para establecer los
tipos de fondo que tenemos entre los 30-40 metros
y los 200-300 de profundidad.
-¿Se puede ser optimista con vistas
al futuro?
-Se debe ser optimista. La costa vasca ha sufrido
tres fases: la de destrucción desde finales
del siglo XIX hasta fines del XX, la de recuperación
durante los diez últimos años y
ahora comienza una fase de restauración
del medio con actuaciones concretas como la recuperación
de dunas de la playa de Laida y otras.
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