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AULA DE CULTURA VIRTUAL

La actualidad política española y los intelectuales

D. José Luis Villacañas
Catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Murcia Premio de Periodismo El Correo 2006

Lunes, 21 de mayo de 2007


Las mayorías están legitimadas para gobernar en la medida que tienen más respaldo. Pero su legitimidad verdadera consiste, esencialmente, en que las minorías no sean oprimidas. Por el mismo argumento, el ejercicio de reducir tanto como sea posible el mando de los seres humanos, unos sobre otros, implica que la mayoría tiene que aprender a disminuir tanto como sea posible su mandato sobre la minoría. Y en esto se basa la estructura de compromiso de la democracia. La democracia que los padres fundadores vieron que tenía un componente claramente totalitario, como lo vio Sócrates, deja de tenerlo si sólo si suceden dos cosas: que la mayoría orienta su gobierno también para proteger derechos de la minoría y, dos -y de carácter completamente fundamental-, qué sea la mayoría y qué sea la minoría es reversible. Esto es, que nadie puede gobernar desde la mayoría para impedir de cualquier manera que sea, que la minoría nunca se convertirá en mayoría. Si eso es así, entonces, el gobierno amenaza la libertad política y se convierte en despótico y esto, inevitablemente, llevará a una pérdida radical de la constitución mixta. Porque si la mayoría se eterniza en la mayoría, si impide con su ejercicio de gobierno que la minoría pueda convertirse en mayoría, entonces no habrá criterio para elegir una representación política libre, no habrá sobre todo criterio para mantener la unidad de pueblo, la unidad que vincula mayoría y minoría. Porque una minoría se sentirá permanentemente excluida del gobierno y, por lo tanto, se sentirá en el límite como una minoría paria, una minoría sin derechos de gobierno.

La constitución americana, por tanto, mantiene lo que llamamos una mentalidad liberal. La mentalidad liberal dice que las diferencias deben ser protegidas, las minorías deben ser protegidas, las minorías deben mantener su libertad y su capacidad de convertirse en mayorías y esto, sea cual sea la constitución de esa sociedad. Podíamos invocar, en cierto modo, toda una línea de tradición desde los padres fundadores, ya antes. Pero una línea de tradición que mantiene la tradición liberal como aquella que se opone permanentemente al dominio tiránico de las mayorías y sus potencialidades, es aquella que va en contra de una opinión pública unitaria, aquella que va en contra de una opinión pública opresiva, aquella que va en contra de la corriente, aquella que se distancia del presente, no se deja instrumentalizar, aquella que en cierto modo tiene una mirada temporal, como la que yo he reivindico aquí para la filosofía. Por eso no puedo entender que alguien identifique la filosofía que no tenga, como la he definido yo anteriormente, que no tenga implicaciones de defender la conciencia liberal.

Estos son los héroes verdaderos, los hijos verdaderos de la libertad de Occidente. Se llaman Kant, se llaman Tocqueville, John Stuart Mille, se llaman Max Weber, se llaman todos y cada uno de nosotros, en la medida en que nos atrevemos con la consigna ilustrada de “atrévete a pensar por ti mismo”. Es curioso que los padres fundadores se enfrentaran a un problema de extraordinaria gravedad en su tiempo, que consistió en definir lo que querían para las trece viejas colonias americanas, los trece nuevos estados de América. Y, entonces, hicieron toda una serie de argumentos que yo quiero recordar hoy ante ustedes, porque son argumentos en favor de la unidad. Argumentos racionales. No son argumentos místicos, no son argumentos sentimentales; son argumentos racionales a favor de la unidad política de aquellos trece estados. Y así surgen los papeles del federalista. Los papeles del federalista están hechos para unir trece estados, no para mantenerlos separados, para unir trece comunidades en algo que se llamó pueblo, pero en algo que se llamó con la misma verosimilitud y con la misma realidad, política-nación.

Los argumentos que dan los padres fundadores son para formar un pueblo para formar una nación política y son de una doble naturaleza. Los primeros muestran los perjuicios de los pequeños estados o de las pequeñas comunidades políticas y esos perjuicios son cuatro, que quiero recordar muy brevemente ante ustedes. El primero es que las pequeñas comunidades políticas producen una enorme estabilización de poder y producen una enorme estabilización de poder. Y producen una enorme estabilización de poder dice los padre fundadores porque, en el fondo, priman las componendas privadas sobre los escenarios públicos. Porque al conocerse prácticamente todos al mantener todos vínculos familiares o de otra naturaleza los verdaderos vínculos políticos son vínculos casi privados, casi secretos, que funcionan a espaldas de los argumentos que se han de dar en el espacio público. Por eso, generan cuerpos políticos mucho más estables y generan minorías que se mantienen permanentemente como minorías. Dicen los padres fundadores y esto puede dar lugar a que esas mayorías muy consolidadas y con afectos, pasiones e intereses comunes, mantenidos en la vida privada puedan desplegar todo su odio hacia los minorías y puedan efectivamente intentar destruirlas.

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