La actualidad política española y los intelectuales
D. José Luis Villacañas
Catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Murcia Premio de Periodismo El Correo 2006
Lunes, 21 de mayo de 2007
¿Por qué es esto así? Indudablemente porque hay dos maneras de tratar el conflicto: una, ciertamente, intensificándolo, construyéndolo, construyendo mediante la intensificación de la diferencia. Dos, reconocerlo y proponer instituciones para mantenerlo equilibrado. Es mucho más fácil, es mucho más fácil mantener un control de la guerra cuando se sabe que la guerra es inmanente a la historia humana que cuando se propone un pacifismo a ultranza. Esta es una de las enseñanzas de la historia humana. La guerra se limita más cuando se sabe que es una dimensión verdadera de las sociedades humanas que cuando se quiere negar, porque el estallido será más grande. Los filósofos no han inventado grandes cosas en los últimos 2.500 años en relación con la forma de gobernar las instituciones y las sociedades para evitar que el conflicto sea muy grande. En realidad, la tesis que emerge con la Revolución Francesa, según la cual existe una soberanía absoluta de la nación, es una tesis, aparte de muy nueva, muy falsa. Los grandes filósofos saben que los poderes constituyentes no se inventan las constituciones. Kant hablaba de una constitución ideal y las constituciones reales se aproximan a ella.
Desde este punto de vista, todos los pueblos que proceden de Occidente -los pueblos a los que yo llamaré los hijos de la libertad de Occidente-, siempre han pensado una misma constitución; una misma constitución que viene rodando en la mente del ser humano desde Aristóteles. Es lo que se llama la constitución mixta. La constitución mixta, en el fondo, era un síntesis de tres elementos, dice Aristóteles, que es la manera de que las constituciones duren. El elemento del gobierno de uno monárquico en el sentido en que hoy consideramos que debe existir un poder último, un elemento aristocrático que es desde siempre más o menos identificado como el poder deliberativo de una asamblea representativa, elegida, elegida sobre la base de cierto reconocimiento, por lo tanto, de cierta percepción de mérito, de cierta excelencia; por lo tanto un elemento aristocrático y un elemento democrático popular que a de aprobar, que a de juzgar, que a de decir sí o no, que a de soportar los acuerdos y establecer una voluntad. La constitución mixta de elemento monárquico, aristocrático y democrático ha rodado por el tiempo desde la politeia de Aristóteles hasta el presente. Su grado de conciencia es lo que ha cambiado. El grado de conciencia máximo de esta constitución, el grado de conciencia máximo de los fundamentos de esta constitución, se dio en América del Norte con motivo del final de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América del Norte. Pero, en realidad, esta constitución, posteriormente, ha ido fecundando todas las demás y ha ido fecundando lo que llamamos los elementos básicos de la democracia liberal.
Yo voy a defender esta noche implicaciones de la democracia liberal y voy a defender esta noche implicaciones de la democracia liberal en relación con la constitución mixta y en relación con ese momento, a mi modo de ver ejemplar de la reflexión política, que dan los padres fundadores. Los padres fundadores de Estados Unidos, en cierto modo fueron aquellos que impulsaron el proceso más consciente y reflexivo de constitución política jamás emprendido. Yo, cuando tengo que definir qué es un filósofo político, digo: un filósofo político es alguien que lee habitualmente, siempre de nuevo, a los padres fundadores americanos. Porque, como ellos mismos saben, los principios de la ciencia política son allí operativos de forma ejemplar. ¿Qué dicen los padres fundadores que sea útil para nosotros? Esencialmente dicen esto: que el fundamento último de todo gobierno civil es la defensa de la libertad política. ¿Qué significa la defensa de la libertad política? La defensa de la libertad política significa que se debe a aspirar a que el dominio sobre el hombre sea el mínimo; porque si los hombres son iguales, la pregunta es: ¿Y tú por qué mandas? Esto significa que todo mando tiene que estar justificado, justificado ante el que va a obedecer. El que va a obedecer obedece sólo si el que manda se pone en su mismo lugar, en su mismo estatuto, a su mismo nivel y no clausura ni la igualdad ni la libertad.
En el fondo, la libertad es la base de toda la sociedad moderna, es la base de toda la vida política y significa, esencialmente, que, puesto que todos los hombres son libres e iguales y sólo interesa aquella igualdad que se basa sobre la libertad. Esto es evidente: a nosotros no nos interesa ser iguales en lo que nos imponen los demás. Nos interesa ser iguales en lo que queremos libremente ser. Si eso es así, no hay ningún otro criterio para que alguien mande, excepto que tenga el respaldo de la mayoría. Puesto que todos somos iguales, porque tenemos que preservar la máxima libertad de todos, se preserva mejor la libertad cuando manda la mayoría que cuando la minoría, porque de esta manera se sienten coaccionados menos. Ahora bien, esto es lo que dicen los padres fundadores, que es extraordinariamente relevante. Esto no quiere decir, en modo alguno, que el compromiso para disminuir tanto como sea posible el mando, esto es, el compromiso para mantener tanto como se ha posible la libertad, no vincule también a las mayorías.