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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conversación entre Arturo Pérez-Reverte y Félix Linares el 13 de junio de 2002


Félix Linares: Aprovechando que me lo pones muy fácil para retroceder un poco en tu carrera, ¿entre el periodista y el novelista existe esa situación de Doctor Jekyll y Mr. Hyde o tú vives tan tranquilo?

Arturo Pérez- Reverte: No, no, eso ya se acabó. Sí hubo un tiempo en el que se solapaban, desde 1988, cuando empecé a escribir medio en serio, hasta Sarajevo, y lo cierto es que estaba esquizofrénico. Cuando venía aquí, me ponía a escribir y para nada me acordaba de aquello. Además escribía algo que no tenía nada que ver con ese ambiente. Luego volví, pero me dediqué a Territorio Comanche y por fin dije adiós, me fui. Son dos vidas distintas. Cuando uno tiene ya 50 "tacos" y mira hacia el futuro, y ve más pasado que otra cosa -porque es así y hay que asumirlo-, y ve todos los cadáveres que ha ido dejando atrás, los suyos y los de los otros; esto es, cuando uno camina y va matándose a sí mismo y también va matando gente (mujeres, hombres, amigos) no ya por maldad, sino por indiferencia, por inocencia, por ignorancia, por torpeza o por mil cosas, siente que la vida pasa. Y lo bueno que tiene escribir novelas es que "tranquilizas" a esos cadáveres, te reconcilias con ellos, ya que los hay que efectivamente te producen remordimiento, que te quitan el sueño, que te tiran de los pies por la noche. Lo que quiero decir es que yo no he sido un chico perfecto, en mi vida he hecho muchas cosas malas, y ha habido partes de mí que han muerto y que yo echo de menos, como la inocencia, palabras con mayúscula; entonces, escribir es una forma de reconciliarte, es como aquélla que quería enterrar a su hermano desenterrado y es condenada por su padre a muerte. Era Electra, ¿no?

Félix Linares: Electra.

Arturo Pérez-Reverte: Electra. ¿Electra?

Félix Linares: Digamos que Electra.

Arturo Pérez-Reverte: La verdad es que ahora mismo, con el tequila en la mano, no podría asegurarlo

Félix Linares: Por eso mismo.

Arturo Pérez-Reverte: A lo que me refiero es a que esos cadáveres los tienes sin enterrar y sabes que debes llevártelos, cogerlos, recuperarlos, limpiarlos, lavarlos y enterrarlos como Dios manda, para que descansen y tú descanses con ellos. Así que en esto consiste el trabajo de escribir, y precisamente la parte más agradable de esto de contar historias, de escribir novelas, es que puedes enterrar honrada y dignamente cantidad de cadáveres que tenías a medio enterrar y que a veces te incomodaban mucho.

Félix Linares: Pero no has renunciado del todo. Ahí está tu página semanal.

Arturo Pérez-Reverte: Eso no es periodismo.

Félix Linares: Pero es muy diferente de tus novelas.

Arturo Pérez-Reverte: Eso es un ajuste de cuentas semanal con mis amigos, con la vida, con lo que no me gusta. Es casi una especie de desahogo, es casi una broma. Hay días que me siento a escribir riéndome yo solo.

Félix Linares: Te dices: «¡Voy a por éste!».

Arturo Pérez-Reverte: Exacto. Eso es una especie de amor, de juego, pero nunca periodismo. El periodismo es una cosa muy rigurosa. Lo que tú haces o lo que yo hacía cuando era reportero es un periodismo de verdad, serio, como el que hace mucha gente; sin embargo, lo mío es una especie de ejercicio personal con el que cierta gente me concede el honor de reírse al compartirlo o, por el contrario, se indigna.

Félix Linares: Ahí está la fama que tienes de incluir muchos tacos, aunque yo puedo asegurarle a la gente que piensa que aquí no los utilizas porque estás sobre un escenario que no los dices nunca.

Arturo Pérez-Reverte: Hombre, alguna vez los digo, como todo el mundo, pero no, yo no soy un tipo mal hablado. De hecho, mi madre me daba unas collejas tremendas cuando era pequeño si decía alguno. Lo que pasa es que ese artículo es un estilo de contar las cosas, por lo que el taco puede ser un recurso expresivo, un refuerzo, un acto de indignación, un montón de cosas. Ahora, en mi vida normal no ando por ahí hablando de esa manera, aunque mi madre me echa unas broncas espantosas. Las amigas le dicen: «¿Cómo consientes que tu hijo hable así?», a lo que ella responde: «Pero si mi hijo tiene 50 años».

Félix Linares: A tu madre también le dijeron que te habías separado cuando escribiste aquel artículo en el que decías que habías dejado de convivir con una mujer con la que llevabas 29 meses.

Arturo Pérez-Reverte: Es que el lector es muy primitivo. Sí, efectivamente le llamaron un día y le dijeron: «Oye, no sabía que tu hijo se había separado».

Félix Linares: No es que haya que recorrer toda tu carrera, pero ¿tú empiezas haciendo novelas históricas por influencia de tus lecturas anteriores, porque verdaderamente te gusta o porque quieres cambiar la historia y decir algunas cosas sobre ella?

Arturo Pérez-Reverte: Pues la verdad es que no lo sé. Pienso que más bien se debe a que a uno le apetece contar historias. Tengamos en cuenta que yo soy un escritor que se forma con la novela del XIX. Es más, forma parte de mis tres referencias literarias fundamentales, que son los latinos y los griegos, que estudié de pequeño, el Siglo de Oro, con el que mi padre me machacó cuando tenía doce años porque le encantaba y me hizo compartirlo, y, efectivamente, la literatura europea del XIX, sobre todo, la francesa, la rusa y la inglesa. Y esta última referencia en especial es la gran novela, la novela de verdad que cualquier novelista debe tener como base aunque después se la cargue, aunque después mate a los padres, a los abuelos, a Víctor Hugo y a quien quiera. Por eso mis primeras incursiones literarias discurren por los cauces galdosianos, stendhalianos, balzaquianos y tolstoianos, que son mi referencia.

Félix Linares: De ahí también el que escribas novelas tan gruesas.

Arturo Pérez-Reverte: Sí, es cierto. Además es como realmente me encuentro a gusto. ¿Sabes qué pasa? Que yo escribo para estar a gusto, yo no sufro escribiendo. Es más, pienso que quien sufre debería cambiar de oficio porque se ha equivocado de profesión. Para mí, escribir es prolongar una situación placentera. Yo no sé si con la siguiente novela voy a estar a gusto o no, entonces, si la historia de Teresa Mendoza me gusta y estoy bien con ella, cuanto más gruesa sea, mejor, siempre dentro de unos límites editables, claro está. Por eso me gustan las historias largas. De hecho, yo creo que cualquier lector de verdad al que la historia le guste preferirá que ésta sea larga.

Félix Linares: Porque lee mucho tiempo.

Arturo Pérez-Reverte: Claro, porque cuando leo una historia y estoy a gusto con ella me siento triste, abandonado y frustrado al acabarla. Me gusta que tenga recorrido y familiarizarme con ella. He leído del orden de unas cuatro o cinco veces La montaña mágica, por ejemplo, novela que me encantó desde el principio precisamente porque es muy larga. La termino y la empiezo otra vez. Es una novela que he estado leyendo toda mi vida.

Félix Linares: Al pronto, no diríamos que es una de tus novelas favoritas, porque está ciertamente en las antípodas de lo que tú haces.

Arturo Pérez-Reverte: Ya. Pero ¿eso qué tiene que ver?

Félix Linares: Yo creo que el autor tiene derecho a tener sus propias opiniones sobre la obra. Ayer anduvimos discutiendo acerca de cuáles eran los mayores riesgos que habías corrido y hablabas de La piel del tambor como de un quiebro importante en tu carrera.

Arturo Pérez-Reverte: Sí. Con esta novela he corrido mucho riesgo. Decían que era un éxito cantado, pero no fue así, y mi editora bien lo sabe.

Félix Linares: Sin embargo, creo que los mayores riesgos los corres con La carta esférica. A mí me parece que es un capricho de Arturo Pérez-Reverte y un tremendo abismo que saltar, porque tú vienes del mundo del periodismo, de una escritura viril, por decirlo de alguna forma...

Arturo Pérez-Reverte: En el sentido noble del término.

Félix Linares: En el sentido noble del término.

Arturo Pérez-Reverte: También hay un sentido infame del mismo.

Félix Linares: Olvidémoslo. El caso es que te tienes que encontrar con algo frente a lo que tienes que desnudarte -y perdona el término-, cosa que a ti te da mucho pudor, me temo.

Arturo Pérez-Reverte: Sí.

Félix Linares: Entonces, ¿cómo lo haces?

Arturo Pérez-Reverte: ¿Sabes qué sucede? El mar fue durante mucho tiempo mi vida oculta, mientras que el periodismo formaba parte de mi vida legítima. El mar era mi fascinación, la amante con la que esperaba irme cuando mi legítima muriera de vieja, por enfermedad o porque yo la asesinara. Pero ocurrió que me fui haciendo mayor y que me fui acercando más a todo, por lo que la mar estaba cada vez más presente en mi vida, y un buen día decidí que debía escribir sobre ella. Sabía que era un riesgo, porque una novela sobre el mar tan técnica, tan náutica, con tantas referencias marinas, podía no llegar a cierto tipo de lector, y de hecho ha habido gente a la que no le ha gustado; sin embargo, también es cierto que con ella he ganado a otros lectores -esto es lo bueno: que ganas y pierdes cada vez que te arriesgas-. El caso es que, efectivamente, ésa fue la primera vez en la que me salí del territorio en el que me había estado moviendo. Llegué al borde del éxito, por decirlo de alguna forma, arriesgué para comprobar qué pasaba y resultó bien, aunque podía haber resultado mal.

Y lo mismo ocurre con esta novela, con la que también me he arriesgado, a pesar de que aún sea un poco pronto para saber cómo resultará -quizá me haya salido mal y yo no lo sepa-. Su lenguaje es ciertamente complicado y con respecto a la historia aquí ya no hay cuadros, ni misterios, ni música de Bach ni cosas de ésas, sino un relato actual, duro, crudo, muy violento, muy cruel, muy áspero, contado con un lenguaje adecuado, porque, al menos para mí, éste siempre debe estar al servicio de la historia, y no al revés. Por todo ello creo que he corrido más riesgos con esta novela que con La carta esférica.

Félix Linares: ¿Sí?

Arturo Pérez-Reverte: Sí. Se trata de una mujer, y si no me sale bien, son 450 páginas de error.

Félix Linares: Es que en La carta esférica casi tienes, por primera vez, un personaje femenino importantísimo al que además tienes que acercarte desde la perspectiva del personaje masculino, y eso es complicado. Aquí, en cambio, puedes hacer lo que quieras con tu protagonista.

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