'NURIA ESPERT EN SUS
MEMORIAS
Nuria Espert,
actriz y Pedro Barea, crítico teatral de El Correo
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Pedro Barea: Que es una falsa biografía.
Nuria Espert: Sí, exactamente, una falsa biografía.
Cuando Marcos aceptó este encargo, que era difícil
porque yo, después de dudar muchísimo entre hacer
o no estas memorias, dije que sí con la condición
de encontrar a alguien que me ayudara a escribir mi libro, esto
es, no un libro sobre, sino mi libro, la verdad
es que demostró una gran generosidad y mucha paciencia.
Fueron muchas horas de viajes recíprocos, ya que Marcos
vive en Barcelona y yo, en Madrid, y poco a poco fue saliendo
un esbozo que se corregía, que viajaba, que volvía,
que regresaba, hasta dar origen al libro cuya característica
más valiosa es, en mi opinión, que trata de unas
memorias profesionales que comienzan por mi infancia y adolescencia,
etapa sin la cual nada se comprendería, nada hubiera sido
lo que ha sido. Unas memorias que, a partir de mi encuentro con
mi marido, Armando, del que hablo largamente porque fue lo más
importante que me ha ocurrido nunca, y del nacimiento de mis
dos hijas, relatan la fuerza con la que entró en nuestras
vidas la profesión. Porque efectivamente la vida privada,
feliz y calmada, con mi familia, con una madre absolutamente
maravillosa, la campeona del concurso de las buenas madres -que
es un concurso muy reñido-, dio paso a la vida profesional,
época en la que se centra este libro y que está
llena de anécdotas, de bromas, de dolor, de risas, de
felicidad, de sufrimiento, de incertidumbres. Y sin yo quererlo,
Pedro, todo esto, lo bueno y lo malo, aparece en sus páginas.
Efectivamente, creo que eso no fue algo decidido cuando empezamos
a hacer el libro, aunque después haya ido apareciendo
al releerlo ya editado. Es decir, en junio lo perdí de
vista y de repente, estando precisamente en Bilbao, remontando
Turandot, de Puccini, para el Palacio Euskalduna, me llamó
mi secretaria desde Barcelona y me dijo que había llegado
el primer ejemplar de mis memorias, que si le daba permiso para
abrirlo, a lo que yo contesté que no, que de ninguna manera,
que me lo enviara por Seur al Hotel Ercilla, que es donde me
alojo habitualmente -como tanta otra gente de teatro-. La verdad
es que no pude abrirlo en tres o cuatro días. Me daba
temor porque yo recordaba muy bien los dos primeros capítulos
dedicados a mi infancia y adolescencia, en los que hay una heroína
absoluta: mi madre. Hay que tener en cuenta también que
yo vine a dirigir la ópera el 7 de septiembre y mi madre
había fallecido el 31 de agosto, así que sabía
que leer aquello iba a tener un efecto demoledor. No obstante,
después de esos tres días, en un momento dado,
cuando estaba con Ainhoa Arteta, que participaba en la representación
y de la que soy buena amiga, le dije que subiera a mi cuarto,
que le iba a enseñar una cosa que me acababan de mandar.
Y dicho y hecho: abrí el paquete. Ya sólo las fotos
eran tremendas, pero fui capaz de leer el texto cuando ya me
había calmado bastante, cuando había tenido tiempo
para llorar. Y entonces fue cuando comencé a descubrir
una serie de cosas que no sabía que estaban ahí.
Pedro Barea: Sólo un aspecto técnico: ¿cómo
trabajabas con Marcos Ordóñez? ¿Grabando?
Nuria Espert: Grabábamos y escribíamos.
De pronto, yo le mandaba todo un bloque que me parecía
importante escrito por mí. A veces él no tocaba
una línea y a veces lo rehacía, bien acortándolo,
bien alargándolo con cosas que yo había dicho en
otro momento.
Pedro Barea: Se mantiene el estilo en primera persona.
Es decir, que está escrito por la protagonista.
Nuria Espert: Está en primera persona, sí.
Pedro Barea: Entonces, es delicado, porque significa poner
en tus labios palabras y cosas que a lo mejor no están
grabadas, ¿no?
Nuria Espert: Ésa es la grandeza, y lo que nunca
sabré es cómo pagarle a Marcos que haya conseguido
que esté escrito como yo hablo. Las conversaciones eran
tal y como os estoy hablando a vosotros, y así aparece
escrito. Evidentemente, ha quitado las repeticiones, ha corregido,
pero ha dejado esos giros teatrales surgidos del lenguaje inventado
por los actores: por ejemplo, lo de «con esa obra no giramos»,
para decir que con esa obra no hicimos una gira. Todo eso lo
ha conservado y tiene un enorme perfume.
Pero volviendo a lo que os decía antes, lo cierto es que
cuando he visto el libro terminado he podido apreciar en él
un aspecto no deliberado. El primero es la sensación de
que he debido tener mucha suerte para que mi carrera haya sido
lo que ha sido. ¿Cuántas cosas sin lógica
me han ido sucediendo a lo largo de mi vida para llegar hasta
aquí? Desde la enfermedad de la primera actriz, la mejor
de las actrices de España, doña Elvira Noriega,
a la que tengo que sustituir en unos quince días con tan
sólo diecinueve años, hasta el hecho de encontrarme
con Armando, una persona mayor que yo, poeta, escritor, guapísimo,
en una película horripilante que me propusieron y que
yo no quería hacer de ningún modo aunque él
sí la iba a hacer. Todo ha sido un continuo golpe de suerte.
¡Cuánta gente nos ha tendido la mano en momentos
tremendos! Pues bien, eso es lo que aparece en el libro, y no
deliberadamente. Desde luego, en ningún momento he querido
hacer un libro para dar las gracias a la gente; no obstante,
algo o mucho de esa gratitud es lo que ha quedado en sus páginas.
Yo no sé, Pedro, si estás de acuerdo conmigo.
Pedro Barea: La verdad es que antes he intentado una maldad
contigo que no me has aceptado. Marcos Ordóñez,
en Comedia con fantasmas, se inventa la biografía
de un tal Mendieta, o no sé qué. Se inventa la
vida de un pintor, por lo que yo te sugería que quizá
en este libro también podía haber jugado con eso.
Es decir, ¿cuánta parte de verdad hay en lo que
aparece en él? ¿Hasta qué punto estás
implicada en esa historia? A mí, conociendo parte de lo
que cuentas, las memorias me han parecido generosas. Me ha parecido
que omites muchas cosas que se podían haber contado, porque
tú eres una mujer que ha levantado pasiones, que también
ha mandado, que ha tenido autoridad, que tiene prestigio, que
se ha movido con éxito en un país de envidias.
Nuria Espert: Sí, y todo eso también aparece
ahí, no creas.
Pedro Barea: Has contado la parte inicial, la parte familiar,
cuando surge algún que otro conflicto.
Nuria Espert: Sí, pero también cuando dirigía
un teatro estatal, y broncas gordas. Lo cierto es que en mi vida
he tenido dos o tres grandes disgustos profesionales y ahí
aparecen todos. Lo que ocurre es que son cosas sucedidas hace
años que estoy contando en este momento de mi vida. Si
las hubiera contado entonces (de hecho, en algún periódico
debe de haber alguna entrevista en la que quizá las comenté
según pasaron, y puede que algún día salga
a la luz), habría resultado, sin duda, mucho más
virulenta, pero como las relato en un momento sosegado de mi
vida, en el que creo que le doy a las cosas la importancia que
tienen, esto no pasa. Claro que, aun así, sigo demostrando
que estoy violenta, porque de lo contrario ni siquiera habría
llegado a mencionarlas.
Pedro Barea: En absoluto es un libro blando, pero sí
me parece que has sido generosa.
Nuria Espert: La editora de Aguilar, que es Ana Rosa Semprún,
me dijo: «son unas memorias púdicas». Las
llamó púdicas, y es que yo soy y he sido
una persona púdica, sobre todo en mi vida privada. En
el escenario, he tenido siempre una vena de locura que ha surgido
y he soltado sin ningún tipo de restricciones hacia mí
misma cuando me ha parecido que así tenía que ser.
Nunca me ha importado el qué dirán. Es decir, por
supuesto que todo eso me ha importado, y mucho, en mi vida privada;
sin embargo, en mi profesión, jamás. Me he tirado
de cabeza a las cosas que he considerado que me hacían
crecer.
Por otra parte, por volver al asunto anterior, hay capítulos
dramáticos en mi biografía. Mi relación
y ruptura con Víctor García, por ejemplo, una de
las personas más importantes de mi vida, un director argentino
de teatro maravilloso, afincado en París, que dirigió
Las criadas, el mejor espectáculo que yo he hecho
en vida, Yerma y Divinas palabras. Ahí viene
bien explicado todo el momento del gozo, de la creatividad, del
enorme placer, pero también lo que significó romper
una relación de trabajo que se había convertido
en más que eso, en una relación de dependencia,
más que de amistad. Lo cierto es que me provocó
un gran dolor, porque además Víctor tuvo una muerte
trágica, y todavía hoy lo arrastro conmigo. No
en vano, según mi hija Alicia, ese capítulo sobre
Víctor es demasiado explicativo, ya que se nota muchísimo
que aún no me he liberado de la sensación de culpabilidad
por su triste final. Ahora, también hay capítulos
muy gozosos, como el de mi relación con Alberti, que fue
un regalo de la vida, que creo que está divertido y fenomenal.
Y desde luego hay mucho de mí misma, pues cuento donde
nací, cuándo (fue en 1935), qué comía,
qué pasaba en el barrio en el que vivía, etc. Pienso
que todo eso que está contado muy brevemente determina
muchísimo qué actitud vas a tomar después
ante tu trabajo, ante el hecho de ser empresaria, si te gusta
muchísimo o no, qué tipo de manera de mandar eliges
y demás.
Pedro Barea: Es una parte quizá proporcionalmente
más breve con respecto a la profesional, pero lo cierto
es que ese inicio es muy bonito.