![]() |
|
| a | |
|
|
BILBAO, 14 de marzo |
|
|
|
|
Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, por lo menos en mi caso, la elección de un tema no es algo racional, lúcido, sino más bien una experiencia que se gesta como por accidente, por obra de la casualidad; algo me ocurre, conozco a alguien , escucho algo o leo algo que, por una razón que nunca queda del todo clara, deja una huella muy firme en mi memoria y que luego, a partir de un cierto tiempo, se convierte en la fuente de un fantaseo, del que surge el embrión de una historia. Siempre me he preguntado por qué ciertas experiencias, entre las miles de miles que yo vivo, dejan esa impronta que se convierte después en el estímulo para la invención de una historia y por qué otras no; seguramente, son experiencias que tienen que ver con algún fondo traumático de la personalidad que encuentra en ciertas historias, en ciertas situaciones, en ciertos personajes, una manera de manifestarse. En todo caso, el origen de todas las novelas que he escrito ha sido siempre ése, alguna experiencia vivida que la memoria retiene y que luego muestra una extraordinaria fertilidad para la imaginación, para el fantaseo. Ése fue el caso, también, de esta novela, La Fiesta del Chivo.
Yo estuve en el año 1975, durante ocho meses, en la República Dominicana, un país que no conocía, y, pasar allí esa temporada, fue realmente una experiencia magnífica; conocí gente estupenda, entré en contacto con un país, por una parte, muy bello, y, por otra parte, muy trágico, con una de las historias quizá más dramáticas de todas las que han vivido los países del Caribe o latinoamericanos. En esos meses, oí hablar mucho y leí muchas cosas sobre la Dictadura de Trujillo, que es una experiencia importantísima para los dominicanos pero que lo fue también, en cierto modo, para toda América Latina. Cuando yo era joven, estudiante universitario, una época en que el continente estaba prácticamente ocupado, de un confín a otro confín, por dictaduras militares como la de Trujillo, la Dictadura dominicana del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina era, en cierta forma, la dictadura emblemática, por su desmesura, por su crueldad, por las extravagancias que el personaje de Trujillo cometía y que daban a su régimen una coloración particular; todo eso lo recordaba yo, y todo eso se reavivó escuchando anécdotas, testimonios de gentes que vivieron, que padecieron en carne propia la Dictadura. Entonces, todo ello me abrió el apetito y empecé a leer lo que caía en mis manos con respecto a este régimen que duró 31 años, desde 1930 hasta 1961. Leí, sobre todo, dos libros interesantísimos, una biografía de Trujillo del historiador norteamericano Cross Willer y un libro escrito por un periodista del New York Times, Bernard Dieverich, que era el corresponsal de este periódico en la zona del Caribe, durante la época de la muerte de Trujillo. Tras ésta, periodo en el que estaba prohibido entrar en la República Dominicana, viajó a Santo Domingo, que, en aquel entonces, se llamaba Ciudad Trujillo, y escribió un reportaje que es un magnífico trabajo periodístico sobre lo que fue la conspiración para matar al dictador, el magnicidio que acabó con él, y lo que ocurrió inmediatamente después de su asesinato. Todo ello me intrigó, me horrorizó, me fascinó, y, desde esos días, me quedó dando vueltas en la cabeza la idea de una novela, de una historia inventada pero situada dentro de ese contexto histórico, no tanto en los 31 años de la Dictadura de Trujillo como en los momentos finales de ésta, concretamente, en la conjura para acabar con el generalísimo.
info@diario-elcorreo.es Pintor Losada 7 Teléfono: +34 1 944870100 / Fax: +34 1944870100 48004BILBAO |