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Dr. D. Joseba Arregi El primer tomo de las memorias de Hans Küng no es un libro cualquiera. No lo es porque refleja la vida y las vivencias de un personaje importante del siglo XX. No lo es porque nos da cuenta de las raíces, desarrollo personal e intelectual de uno de los grandes teólogos del siglo XX. Pero no lo es, sobre todo, y aunque puede y va a interesar a muchas personas no eclesiásticas y no creyentes, porque no deja de ser un acto pastoral, una proclamación del evangelio, una palabra de Iglesia, pues todo el libro, a través de la persona y de la vida del profesor Küng, habla de reflexiones sobre la verdad del evangelio, de la palabra de Jesús, de la Iglesia a la que le está encomendado el cuidado de esa palabra y que se constituye precisamente en la predicación de esa palabra. Porque como dice Karl Barth, un personaje de enorme importancia en este tomo de las memorias de Hans Küng, al inicio de su Bosquejo de Dogmática, la Iglesia "es el lugar, la comunidad a la que se ha encargado, se le ha dado en cuidado el objeto y la actividad a la que está referida la dogmática, es decir, la predicación del Evangelio". El libro de memorias de Hans Küng se instala en ese contexto de predicación de la palabra, pues aunque se trate de la biografía de un hombre, es la biografía de un hombre de Iglesia, de un sacerdote, de un teólogo, de un creyente como una y otra vez reclama él mismo. De ello se derivan dos consecuencias: el primer tomo de las memorias del profesor Küng narra una forma de estar en la Iglesia, una forma de ser creyente católico definida como conquista de libertad. Conquista de la libertad en el seno de la fe, una fe que caracteriza a Küng como una confianza básica; conquista de la libertad en el seno de la Iglesia, desde el convencimiento de que, si bien la palabra de Jesús está depositada en la Iglesia y ésta la cuida en la predicación, no es, sin embargo, la Iglesia dueña total de esa palabra, sino que está, a su vez, sometida a ella y a su juicio. Es precisamente esa relación dialéctica la que permite y obliga a esa conquista de la libertad, si entiendo bien a Küng. Y la segunda consecuencia es, que siendo una palabra predicada la que nos encontramos en esta memoria, esa palabra interpela al lector, le hace preguntarse por su posición personal, incluso si no es creyente, respecto a las grandes cuestiones en torno a las cuales se va configurando la vida de Hans Küng: cómo fundamenta cada uno la confianza básica en el mar de impugnaciones a la misma que es la vida; cómo se conforma y se conquista la libertad en la formas concretas institucionales que adquiere esa confianza básica sean estas formas relaciones personales o relaciones con el grupo (lengua, cultura, patria, nación, partido, Iglesia, Estado, clase, etc.); qué sentido tiene el término catolicidad como ecúmene, es decir, como voluntad de unidad del género humano; y la última pregunta, qué relación tiene esa voluntad de universalidad y de unidad con la forma en que se entiende y se vive la confianza básica, fundamentándola como pretende parte de la cultura moderna en alguna idea que permanece en el espacio de la inmanencia y la autonomía total del ser humano o fundándola en una palabra heterónoma, en una palabra que le viene al ser humano desde fuera de sí mismo, como lo expresa otro teólogo también suizo y que aparece numerosas veces en estas memorias de Hans Küng, el teólogo Hans Urs von Balthasar, cuando dice que el ser humano llega a ser persona a adquirir conciencia de sí mismo al ser llamado tú por Dios, al ser constituido como un tú por el Dios que le llama. El creyente cristiano y católico Hans Küng describe su conquista de la libertad sobre la base de una sólida confianza básica, por lo tanto, de una fe profunda, y sobre la forma institucional que toma en la Iglesia católica, caminando por tres vías: no tanto la lucha sino como una especie de forcejeo fraterno a veces muy duro con las estructuras anquilosadas de la Iglesia, en segundo lugar a través de la conversación crítica con las voces de su tiempo conversación con la teología, una teología que traspasa fronteras y no se queda en el ámbito romano o puramente católico sino que alcanza la teología protestante, conversación con las voces de su tiempo en la filosofía, y también con las voces de su tiempo en las corrientes culturales, y en tercer lugar, y de modo muy importante, el permanente horizonte ecuménico, tanto en el campo cristiano, esa voluntad de buscar y trabajar por la unidad de las iglesias cristianas, como en el religioso general, el diálogo entre todas las religiones y aunque no aparezca tanto en este primer tomo pero en la vida de Hans Küng muy importante como la ecumene, la unidad y la universalidad en el plano humano de la ética global. Y con un momento muy importante en los tres caminos cual fue la convocatoria y el desarrollo del concilio ecuménico Vaticano II, con todas sus expectativas y posibilidades, con sus realizaciones y sus fracasos. En todos estos esfuerzos por conquistar
la libertad, descritos con mucho detalle y muy informativos,
conviene no perder de vista que la lucha de toda una vida con
episodios bien recientes no se limita a ese forcejeo fraterno
a veces duro contra determinadas estructuras de la organización
e institución Iglesia católica, sino que también
llega a debatir críticamente y con mucho cariño
los fundamentos doctrinales en los que se sustentan dichas estructuras
y las legitiman, pues la fuerza de esas estructuras que amenazan
y constriñen la libertad radica no en sí mismas
ni en su poder policial inquisición, índice
de libros prohibidos, anathema sit sino más bien
en el poder de legitimación de la doctrina y de los ideales
en los que se sustenta.
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