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LOS AMORES
INCONVENIENTES
Carmen Posadas
27 de octubre de 2003
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I. E.:
O sea, que quizá haría falta engañarse un
poquito a uno mismo para sobrevivir.
C.P.: Yo no me atrevo a recomendarlo, porque es un poquito
complicado, pero la verdad es que yo lo hago sin parar.
I. E.: «El amor es una guerra, es un sufrimiento
perpetuo dices, pero a veces ganan los buenos»
¿Quiénes son los buenos en esta historia?
C. P.: Algunas veces, como pasa en la historia de Romeo
y Julieta, chico conoce a chica y son muy felices. En todo caso,
creo que en el amor no hay recetas, sinceramente. Hemos hablado
tanto sobre el amor y lo que hablaremos que, finalmente,
opino que la única receta posible es aprender un poquito
de lo que nos ha sucedido. Yo tengo una amiga psicóloga
que siempre dice algo que yo le he robado porque me parece muy
bueno: «La vida nos está pasando lecciones todo
el tiempo, y si no aprendemos de ellas lo más probable
es que nos las vuelva a pasar». Por tanto, si una se enamora
de un señor inconveniente, o un hombre se enamora de una
mujer inconveniente, y no sabe solucionar ese problema, es muy
posible que en el futuro vuelva a encontrarse con otra situación
igual.
I. E.: Inés Ruano también es, en cierto
modo, un personaje sociológico. Tiene 45 años por
una razón muy determinada...
C. P.: Sí, acertaste. La puse más joven
que yo porque pensé que si le ponía 50 años
los lectores iban a pensar que era muy vieja para que le pasaran
todas estas cosas.
I. E.: Por cierto que a ti, Carmen, no te importa decir
tu edad.
C. P.: No, no. En absoluto.
I. E.: Decía que es un personaje sociológico.
Una fotógrafa de prestigio, muy reconocida dentro de su
profesión, con una casa maravillosa, pero a la que parece
faltarle algo. De alguna manera, es una persona insatisfecha.
C. P.: Sí. También estoy retratando a un
personaje bastante reconocible. Retrata a esas mujeres que han
puesto tanto énfasis en su carrera profesional que, en
cierto modo, han debido sacrificar su vida personal. De hecho,
las mujeres siempre tienen que pagar un precio más alto
por el éxito, porque, para empezar, es bastante difícil
hacer compatible una cosa con otra, nos guste o no. Nosotras
tenemos una prioridad, pienso yo, y ésta no sólo
es casarse, tener hijos, etc., sino mucho más que eso;
entonces, es bastante difícil compatibilizar las dos cosas.
Hay muchas mujeres que incluso tienen que renunciar a eso por
una carrera y luego se sienten solas y defraudadas.
I. E.: Y también deben renunciar a la maternidad.
C. P.: Claro, claro. Es lo que he dicho. Sí, sí,
justamente.
I. E.: O, digamos, aceptar o apostar por la maternidad
y renunciar a la profesión.
C. P.: Claro. Por eso, siempre es una elección
odiosa que los hombres no tienen que hacer porque pueden tener
las dos cosas, ¿verdad?
I. E.: Sospecho que sí.
¿Tú crees en la suerte, Carmen?
C. P: Bueno, yo creo que en cierta manera la suerte se
la fabrica uno mismo, pero quizá sea porque yo soy muy
voluntariosa y siempre pienso que si hago un esfuerzo y trabajo
mucho por algo, lo puedo conseguir. Siempre hay motivos para
que te sucedan cosas buenas; posibilidades, trenes que pasan
muy a menudo más de lo que nosotros suponemos
y a los que debemos subirnos en marcha. Lo que sí existe
per se y es inexorable es la mala suerte. Si va a ocurrir una
catástrofe o vas a tener un accidente al salir de casa,
eso es inevitable.
I. E.: Y digamos que una suerte llama a otra suerte y
así se encadenan en rachas.
C. P.: Ése es otro tema que toco en el libro, porque
a la protagonista le hacen creer que viene un diablo a cobrar
su alma y luego resulta que es todo un engaño para la
televisión, para esos programas de cámara indiscreta.
El caso es que, para preparar este montaje, uno de los personajes
explica cómo se puede generar una racha positiva. A ustedes
les habrá pasado. De repente, estás en racha y
todo sale bien. Sales a la calle, llueve y encuentras un taxi;
es como si uno estuviera predispuesto a atraer la buena suerte.
Igual que cuando salimos de casa arrastrando los pies por la
mañana y nos preguntamos por qué no nos habremos
quedado en la cama, porque todo nos va muy mal y seguro que traemos
la mala suerte encadenada.
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