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AULA DE CULTURA VIRTUAL

PREVENCIÓN DEL CÁNCER UROLÓGICO

Dr. D. Ander Astobieta
Bilbao, 5 de mayo de 2003



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Pero vayamos centrándonos en lo que ahora más nos interesa. Como decía al principio, en relación con el cáncer de vejiga, las cifras, eso de que hay unos 300.000 casos nuevos al año, no son lo más relevante, aunque sí es cierto que debemos tener en cuenta que aproximadamente 442 personas al año padecen, sólo en nuestro entorno, en el País Vasco, un cáncer de este tipo por primera vez. Además, conviene recordar que es el quinto tumor más frecuente en los países industrializados; o sea, que estamos acostumbrados a oír hablar del cáncer de pulmón, del de estómago, del de recto, del de colón, pero también del de vejiga. Quizá en la mujer no tenga tanta incidencia, mas en el hombre es, como digo, el cuarto o quinto tumor que más suele padecer hacia los 60 ó 70 años de edad. Con ello, el cáncer vesical es tres veces más frecuente en el hombre que en la mujer. Fue en el año 1895 cuando Reis observó un aumento del riesgo de este cáncer inducido por factores ambientales; esto es, había algo en determinados trabajos que provocaba una mayor incidencia del cáncer de vejiga.

¿A qué problemas derivados de esta enfermedad nos enfrentamos tanto los pacientes como nosotros, los médicos? Por un lado, nos enfrentamos a que no podemos hablar de las características anatomopatológicas de este tumor. Claro que, en cambio, sí podemos asegurar que el problema fundamental que nos plantea es la recurrencia, por la que pacientes ya operados del tumor deben volver a operarse a los seis meses, al año, a los dos años, etc. El tumor puede volver a salir en cualquier otra zona del aparato urinario, y aunque no resulta un gran problema si lo controlamos médicamente, sí se convierte en tal, qué duda cabe, cuando este tumor progresa hacia dentro y, en vez de ser superficial, se convierte en infiltrante. Dense cuenta de que la vejiga es como un globo en cuya parte interna aparece el tumor superficial. Posee unas capas musculares, como si fuera un globo un poquito más grueso, y por detrás de la capa externa del globo estaría la grasa. Entonces, conforme más en profundidad penetre, el tumor de esta zona puede afectar a una serie de vasos linfáticos y se puede diseminar produciendo metástasis a distancia. ¿Qué sucede? Que si este tumor, que en un principio es superficial, progresa y se convierte, como les digo, en un infiltrante, nos va a dar muchos más quebraderos de cabeza tanto al paciente como a nosotros.

Luego hay otra serie de cuestiones relacionadas con la enfermedad, como el asunto de la biología individual, de cada paciente, cada día más de moda. Desde luego, cada enfermo responde de una forma distinta frente a un desarrollo tumoral de estas características; hay pacientes que sobreviven años y sin ninguna complicación a pesar de haber tenido un tumor infiltrante, con características agresivas, según los parámetros que nosotros manejamos, y, en cambio, gente que pensábamos que iba a ir mucho mejor debido a las peculiaridades del tumor acaba padeciendo una metástasis a distancia que evoluciona más rápidamente. Así que, en definitiva, hay algo dentro de nuestro organismo que hace que este tumor se controle de forma distinta, y esto es lo que entendemos por biología individual.

En cuanto a qué podemos hacer para evitarlo, tengamos en cuenta que el tabaco es un carcinógeno que afecta a muchos órganos, al pulmón claramente, a la laringe, etc.; pero es que incide directamente en el origen del cáncer de vejiga. Es decir, que hay una clara relación entre el tabaco y el cáncer de vejiga en un 50% de los casos. Por tanto, si estamos hablando de prevenir, creo que es importante conocer estas circunstancias que les acabo de mencionar y eliminar, en consecuencia, el consumo del tabaco. Posiblemente, de esta manera tendremos menos probabilidades de padecer un cáncer de vejiga, lo que, por supuesto, no quiere decir que reduzcamos toda posibilidad. Y lo aclaro porque en estos casos siempre suelen salir los defensores de la teoría contraria, los que te dicen que hay gente que no ha fumado nunca y que, sin embargo, ha acabado padeciendo un cáncer de vejiga. Efectivamente, esto es posible, hay gente que puede tener un tumor de vejiga sin tener ningún factor de riesgo. No obstante, si quien posee el factor individual de riesgo a padecer este cáncer encima hace lo posible por tener mayores probabilidades fumando, por ejemplo, pues, evidentemente, está cometiendo un riesgo absurdo, y es únicamente un problema suyo. ¿Y por qué sabemos que el cáncer de vejiga está tan estrechamente relacionado con el tabaco? Porque en Estados Unidos, que son más papistas que el Papa, se han dado cuenta hace años de que, dejando de fumar, se pueden aliviar estos males. De hecho, en zonas en las que esta idea está aún más instaurada, como por ejemplo California, se ha experimentado un descenso drástico de los cánceres de vejiga al dejar el consumo del tabaco. Entonces, debemos retener como idea fundamental que el cáncer de vejiga está íntimamente relacionado con éste y que desde luego es un factor externo fácilmente evitable.



 

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