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Pues, bueno, no se considera una cosa como para que se exija por las partes de una forma moral otro tipo de presión, pues no es fácil de hacer sobre un continente como el chino, con tal cantidad de población y de extensión, pero sí una gran reprobación pues no se da por qué. Porque, bueno, está el problema de las primas, el problema de la estrategia mundial, pero esto nos indica que eso que parece que en principio debe ser más fácil de establecer, porque no significa que hagan falta más recursos económicos para aumentar las libertades. A veces, sin embargo, es más difícil que esto ocurra.
El estado liberal, que a diferencia de lo que ocurría con otros órdenes, se configuró en el continente europeo atribuyéndose la enseñanza como una función, como una prerrogativa del poder público frente a situaciones anteriores donde, por ejemplo, la Iglesia había tenido una participación mayor y una responsabilidad mayor. Después del estado liberal, concepciones radicales, socialistas configuraron como un servicio público prestado por el estado, mediante, pues, diríamos una enseñanza igual, neutra, para todos impartida en las escuelas públicas. Y, diríamos, que hubo un momento que este modelo estuvo bastante en vanguardia. Luego, diríamos, que las experiencias traumáticas del siglo XX, empezando por sus dos brutales guerras y sus revoluciones, las concepciones traumáticas, decía yo, las experiencias traumáticas que han tenido los ciudadanos del siglo XX con los abusos del estado.
Lo que ha pasado en Europa con los estados totalitarios del siglo XX es difícilmente asimilable. Es difícilmente aceptable que países con unos niveles de formación intelectual, económica, desarrollados, como fueron algunos de las relaciones europeas, hayan incurrido en el terror totalitario. Los abusos tremendos del totalitarismo fascista y del totalitarismo soviético y comunista y, bueno, diríamos que esa experiencia ha obligado también a reconsiderar la forma de educar algunos tipos de educación que se han rebelado profundamente funestos y, que, por consiguiente, había que tener cuidado con ese leviatán estatal; había que recoger una serie de planteamientos que deben estar en vigor en nuestra época.
Evidentemente, el estado debe cumplir unas ciertas funciones, pero tener cuidado con la pudiéramos llamar excesiva práctica autoritaria de los estados. Quería decir dos palabras sobre ello, porque la constitución española reconoce la libertad de cátedra, en el apartado de los derechos fundamentales objetivos, y especifica, además, que debe dar una interpretación que debe garantizar la creación, trasmisión y crítica de la ciencia de la técnica y de la cultura, y que, además, había que extender el concepto de la libertad de cátedra que se venía usando en la universidad, en las universidades, al sistema educativo, a todo el sistema educativo.
Hay una sentencia del Tribunal, no lo dice la Constitución, pero sí una sentencia del Tribunal Constitucional extendió esa libertad de cátedra a todos los docentes. Es una sentencia del año 1981, diciendo, sin embargo, que esta libertad alcanza diversos grados de plenitud en función del puesto docente, del contenido, de las limitaciones y del hecho de que en la universidad, sí hay una libertad de cátedra, pues, prácticamente plena, dentro de los límites constitucionales y de las exigencias organizativas de la autonomía universitaria. Pero en los otros niveles la libertad de cátedra aparece regulada y en dos leyes posteriores establece que hay que considerar, en los otros niveles, una limitación, teniendo en cuenta la materia impartida, los programas, los elementos de la administración educativa y, además, un hecho fundamental que en el caso de los centros privados que hay que contar, igualmente, con el respecto estricto del ideario.
Los centros públicos deberán ser en este planteamiento ideológicamente neutrales, en el sentido, dice la propia sentencia del Constitucional, de que se admiten profesores de todas las tendencias ideológicas, filosóficas o políticas, aunque en el ejercicio de ese pluralismo hay que respetar el derecho del alumno a no ser adoctrinado, y a recibir la educación religiosa que elijan él y sus padres. Y en los centros privados en que cuentan con ideario educativo o carácter propio que dice el Tribunal Constitucional que son lo mismo, que significa lo mismo, los términos son iguales, la libertad del profesor dice ha de hacerse compatible con el centro sin que el profesor esté obligado hacer, digamos, apología o proselitismo a favor del ideario, pero sin que pueda, igualmente, hacer ataques abiertos o solapados contra él.
He querido hacer esta referencia porque entre los elementos definidores de la educación de nuestra época hay que prestar, no ya atención sino exigencia, a estas libertades que garanticen la libertad de enseñanza, la libertad del aprendizaje y que, bueno, tienen incluso el aval constitucional. Yo quería decir solamente dos, pero decir que este sistema educativo debemos considerarlo como una consideración final sobre la inserción de la universidad en todo el proceso. No tiene sentido esto que hemos hecho aquí en España. No se puede separar la enseñanza universitaria de las otras enseñanzas; tiene que estar, forma en continuo y, precisamente, la enseñanza superior universitaria viene a ser como la coronación del sistema. Hace falta, por tanto, que la universidad sea consciente de ello y adopte las medidas oportunas. En su famosa Misión de la universidad Don José Ortega añadía las dos funciones habituales que realice la universidad, que son la enseñanza de las profesiones y la investigación científica; que a estas dos cosas había que añadir una función igualmente importante para la universidad que es la de transmitir la cultura y de hacer también del universitario personas cultas a la altura del espíritu de su época, capaces de pensar más allá de lo que ella, él, la barbarie del especialismo.
Desde los días de Ortega han ocurrido cambios muy grandes en Europa y en el mundo. La sociedad de la información viene definida por la acumulación y la expansión exponencial del conocimiento y de la información; está poniéndose en marcha ese aprendizaje continuo adaptado a los cambios y a las nuevas formas de saber y de hacer, y la universidad tiene que jugar un papel decisivo, tanto en el proceso de aprendizaje, de transmisión y de investigación del saber, y por eso las universidades deben estar al servicio de la sociedad procurando ser una especie de gran fábrica de ideas donde se ensayen, se discutan las respuestas de los grandes desafíos de esta hora, al mismo tiempo que forman los profesionales competentes y que desarrolle el conocimiento, la ciencia, y la misma tecnología. Porque en nuestros días la unidad de la ciencia y de la técnica es indispensable. Es decir, la ciencia y la técnica marchan unidos para impulsar la acción y el progreso social. En ello debe encontrarse igualmente la fórmula para que las universidades se integren en este nuevo planteamiento.
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