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Entonces, cuando la Reina dijo eso a mí me sorprendió, y me sorprende mucho más cuando estos días, ustedes habrán leído, que a un genealogista asturiano le han encargado dos instituciones, que nadie quiere desvelar quién es, con dinero público, que busque los orígenes reales de Leticia. Pero ¿en qué quedamos? "Si la Reina dice que hay que plebeyizar la monarquía porque le gustan las plebeyas, ¿cómo, por otro lado, se encarga a un genealogista que busque los orígenes reales de Leticia?" Lo cual no es difícil porque todos descendemos de Adán y Eva. En algún momento nos hemos debido cruzar con los Reyes Católicos, con Juan II de León, que me parece que es el antepasado de Leticia.
"A mí, eso, me ha parecido tan ridículo, tan patético que, o se toma en plan de sorna –no se puede tomar en serio-; primero, si a la familia real le ha gustado Letizia como es, dejémoslo estar." Porque, por un lado, a la prensa nos tienen casi casi... –no quiero decir la palabra prohibido porque a mi nadie me prohíbe nada-, yo sé lo que tengo que callar y lo que tengo que contar; pero nos piden que dejemos el pasado de Letizia en paz. Entonces, yo pregunto, como ustedes, el pasado ¿desde cuándo? Porque, claro, el pasado del siglo XII de Letizia sí podemos investigarlo, pero el pasado reciente... ¿Por qué? Es una chica joven moderna independiente su pasado, y el pasado de la joven no tiene derecho a bucear ni siquiera su pareja, ni siquiera su marido.
Ahora bien, si esa persona se va a convertir en futura reina consorte, ¡caramba! tenemos que conocer el pasado. Claro que tenemos que conocer el pasado, y eso no lo digo yo, lo dije Don Juan, el Conde de Barcelona, porque una reina no puede tener pasado. Entonces, a veces me toman el número cambiado, porque yo no tengo nada contra esta muchacha; en absoluto, en absoluto. Lo mío es un tema de principio, y lo van a entender ustedes muy bien.
Voy a intentar explicarlo. Durante treinta años, casi cuarenta, nos han estado, no digo la palabra “vender”, que me parece una palabra fea, nos han estado permitiendo conocer, dando a conocer a una persona como la Reina Doña Sofía, que tiene la realeza en la sangre, que desciende de reyes, que entre sus pasados hay doce reyes, cuatro emperadores y cinco zares, que es una profesional en palabras de su propio marido el rey Don Juan Carlos, que ejerce el oficio de reinar con toda dignidad; y el 1 de noviembre de 2003, ustedes se acordarán, nos dijeron que ese ejemplo no vale, que "ahora cualquier muchacha puede ser reina de España." Miré, usted, por culpa de este tema, como digo, es un tema de principios que yo no supe adaptarme, hubo compañeros como Luis Mª Ansón, un viejo monárquico; ahora resulta que soy monárquico yo porque tengo otro concepto de la monarquía más seria que él; Alfonso Ussía otro monárquico, juanista, ahora resulta que ahora yo tengo un sentimiento y un sentido de la monarquía más seria que la tienen ellos, porque pienso que la monarquía es otra cosa. Y lo ha dicho la emperatriz de Japón no hace mucho; no habla casi nunca pero cuando ha hablado ha dicho: “los reyes, los emperadores no tenemos que descender de donde estamos, lo que tenemos que ser es ejemplares, nada más, y si no serlo, al menos parecerlo”.
Entonces, claro, a mí si ese día, a mí se me rompieron ciertos esquemas. Mi vida profesional corre pareja, llevo 40 años, llevo más de 40 años en esta profesión, he tenido una magnífica relación con Don Juan Carlos, lo que pasa es que una mujer nos ha separado, como pasa casi siempre. No es que a Don Juan Carlos no le guste lo que yo digo, yo se que a veces utiliza lo que yo digo porque él no puede decir, y a veces ha dicho “Jaime Peñafiel lleva razón”, porque hay cosas que no se deben o no se pueden hacer. Entonces, todo ha cambiado en las monarquías; las monarquías están ahora, en ese libro dichoso que tanto daño le ha hecho, dijo lo que no debía haber dicho nunca. Ella tiene derecho a tener ideas sobre las personas y las cosas y sobre las instituciones, pero ella no puede decir, lo dijo o le obligaron a decirlo o lo indujeron las respuestas a preguntas que ni siquiera le habían hecho, sino eran reflexiones de Pilar Urbano que la Reina seguramente asentía porque en el fondo siempre todos por muy inteligentes que seamos y la Reina lo es, algunas personas nos pueden llevar al huerto si uno no quiere polemizar.
"Como consecuencia de esta nueva monarquía, que yo no entiendo y se lo digo sinceramente, no me gusta escandalizar a nadie y menos al Grupo Correo que es tan monárquico, pero yo tengo otro concepto de la monarquía." Que nadie se asuste porque yo tengo un enorme respeto, más que muchísimos monárquicos; mucho más. Lo que pasa es que yo lo exteriorizo, lo digo, porque creo que se debe decir. Ya me hubiera gustado ser cortesano, como muchos cortesanos. Es más, lo escribí en un artículo, no solamente quiero cortesano, sino baboso cortesano, pero no puedo. No puedo. Entonces, ya he tirado la toalla.
Yo intento mantener con cierta coherencia en mi manera de ser y de pensar, pero siempre siendo crítico, porque es mi obligación. Mire, usted, que como consecuencia de estas cosas que no solamente se le han roto los esquemas a quienes les habla ni mucho menos, a gente humilde que también confusas o confundidas. Y no hace mucho una señora muy humilde, de mal aspecto, en la calle Serrano frente al Corte Inglés, de donde yo salía de comprarme una corbata, iba acompañado de una hija, de una chica de unos 15 años, de pronto me abordó a gritos, me golpeó el pecho, que a punto estuvo de derribarme y me gritaba: “Señor Peñafiel, y ¿es que mi hija no tiene derecho a ser princesa? Le dije, claro que la tiene.
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