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Bueno, pues aquí, efectivamente, la autocrítica está muy bien siempre que, naturalmente, no se traspasen ciertos umbrales. Decía alguien que una diferencia de la empatía a la autoflagelación, y aquí hemos sido muy masoquistas. Tengo aquí, por ejemplo, recogido, un texto de la segunda mitad del siglo XIX, de Bartrina, que oyendo hablar a un hombre fácil es acertar de dónde viene la luz del sol; si os alaba Inglaterra, será inglés; si os habla más del Prusia, es un francés; y si habla mal de España, es español. Sí quería insistir en este aspecto, qué estereotipos significativos se han interiorizado y se han formado hasta llegar a crear de una manera, a veces difusa, un complejo de inferioridad frente a los otros.
Muchas veces decimos que papanatismo frente a lo exterior, pues ese es un complejo de inferioridad transformado en complejo de superioridad. Muchas veces, ¿de dónde vienen esos estereotipos que, de una manera difusa, a veces sin poderlos concretar, pero que han calado en nuestra cultura? En una magnífica “tercera”, que escribió Fernando García de Cortázar, contaba que Henry Kamen, un hispanista, que hablando de Felipe II en una universidad y, claro, saltó absolutamente enfadado porque, decía, “bueno, ya los únicos que creen la leyenda negra española, son los universitarios españoles, porque no aceptan que Felipe II fuera un gran rey, con sus errores y sus grandes aciertos y sus debilidades, pero, desde luego, ni él mató a su hijo ni hizo incesto ni, en fin, ni todas las barbaridades que se habían desarrollado en la leyenda negra y que están muy estudiadas”.
Entonces, respecto a los estereotipos significativos hay una cosa que es importante. Desde fuera siempre nos han visto como unidad, eso es una cosa que Luis Suárez insiste mucho y es real. En la formación de eso que llamamos “Leyenda negra”, con todas las comillas que quieran, se ve muy claramente porque la primera visión muy negativa de los españoles procede de los italianos y procede, desde la Baja Edad Media, del momento de hegemonía de la Corona de Aragón, del reino de Aragón, de aragoneses y catalanes, de los soldados aragoneses y los mercaderes y los mercenarios también catalanes, los almogáraves. Primero, aquellos mercenarios que tenían fama de una gran valentía y de un gran coraje, y es curioso, como de una región o de unos españoles, aragoneses o catalanes, en aquel momento como los andaluces; luego, la visión exótica que el romanticismo hace, a través de Andalucía, inmediatamente se transfiere a todos los españoles. Es decir, desde fuera siempre nos ven como una unidad. Cuando Alejandro VI llega a Papa Borja, muy odiado por el que será después Julio II, por el cardenal de la Rovere, hay una frase del cardenal de la Rovere, del futuro Julio II, contra Alejandro VI, que es impresionante, y dice textualmente “ese catalán marrano y circunciso”.
Vamos a ver cómo esas definiciones son una de las cosas que más se fijan en el estereotipos antiespañoles; ¿y por qué adquieren esa fijeza? Bueno, la hegemonía de España en los siglos XVI y XVII, prácticamente hasta después de 1640, era indudable y ya he dicho antes que siempre crean alrededor una leyenda, pero sobre todo porque España, el imperio español, el más poderoso y hegemónico, coincide en el tiempo con el desarrollo de un instrumento fundamental, que es la invención de la imprenta; y, además, tiene como formidables enemigos políticos del momento nada menos que al humanismo italiano, que al humanismo alemán, que a la Reforma protestante. Es decir, es una coincidencia de un momento histórico y de unos instrumentos técnicos que, realmente, fue muy difícil luchar contra ello.
Hay una pluralidad de fuentes para todo esto, los publicistas, la literatura, la diplomacia, los relatos de viajeros; en fin, desde el mismo Italia desde principios de esa Baja Edad Media, los avances de los aragoneses y luego del Reino de Castilla, pero primero los aragoneses, se pagó muy duramente. Los italianos pensaban que ellos tenían una cultura superior y que los españoles eran los bárbaros que no tenían derecho a aposentarse en su territorio. Hay que recordar que los italianos no lograron una unidad hasta el siglo XIX, pero, realmente, desde el siglo XVI, los insultos de los romanos a las tropas imperiales de Carlos V, en 1527, ante la sede española en Roma, poco antes del famoso saqueo, es expresivo; judíos, traidores, marranos, españoles, luteranos, todo un compendio de lo que va a constituir, en los siglos XVI y XVII, buena parte de esa visión sobre España y los españoles.
La imagen del mercader catalán como avaro, traidor, desleal, y sin escrúpulos se unió a la del soldado aragonés, valiente, pero inculto, y a toda una leyenda de inmoralidad sacada de las costumbres de versiones, sobre las costumbres de la corte aragonesa napolitana de las leyendas que empiezan sobre la ciudad de Valencia y sus mujeres y, muy especialmente, sobre el ambientes de los Borja en Roma. Desde el primer momento se está atacando a los españoles por la impureza racial y religiosa, a mi me impresionó mucho cuando aprendí por primera vez, cuando lo leí por primera vez, cuando el Cardenal Cisneros está haciendo la Biblia políglota llama, invita, a Erasmo a que venga a España y participe en la Biblia y Erasmo contesta de forma displicente “no place España” y se niega y escribe a Tomás Moro, que será luego el santo Tomás Moro, le escribe diciendo que le han invitado de España y que, de ninguna manera, irá porque está lleno de judíos e infieles.
Es decir, la mezcla de culturas, la mezcla de razas, que dentro de unos determinados límites había existido siempre en España, porque, entre nosotros, me parece que Obama se ha pasado bastantes pueblos en decir lo que dijo; ahí hay una ignorancia histórica bastante grande. Don Emilio García Gómez el gran arabista dijo que el mito de las tres culturas era eso, un mito. Efectivamente, pues depende de cada momento y, además, cada uno se mantiene en su gueto. Esos grupos cristianos, musulmanes, judíos suelen ser endogámicos, incluso en las leyes judías existían unos castigos tremendos para una judía, ya saben ustedes, la madre es fundamental para la transmisión, la herencia judía, y se le castigaba mutilándole la nariz.
Realmente, hay que estudiar lugar a lugar y época a época; eso de que durante siglos aquí se convivió y que, de repente, aparece la Reconquista, no fue así; fue muchísimo más complicado. Pero el hecho es que se sentenció a un país entero. Los cuentos para no dormir que se relatan son estereotipos, son falsillas que se repiten, luego, en otros países y en otros; son como esos chistes que circulan entre nosotros alrededor de alguien y que durante un tiempo se mantienen y luego se aplican a otra persona; pues estos estereotipos ocurren hoy mismo en otros espacios, en otros nombres geográficos; por ejemplo, un relato de 1512 que luego se ha rastreado y que con más o menos variantes son como los cuentos populares que se pueden encontrar en otros espacios geográficos; un relato de 1512 cuenta cómo un grupo del ejército español, estamos hablando del siglo XVI, durante el saqueo de un convento de monjas, cogió un sagrario de plata tiró la hostia al suelo y se llevó de la iglesia una joven señora embarazada de noble alcurnia, la intervención de un joven español salvó a la dama. El comandante español fue quemado vivo en castigo de su profanación.
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