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Yo estoy ahora haciendo un recuento de personas que son capaces de superar esta crisis, como sea, con sus medios, porque hace sinergia, hace familia, voy a decir como están familias. Hay muchas personas mayores, jubiladas que están siendo el refugio de sus hijos, pero por cientos, por miles y no se analiza esto. El otro día hablaba yo con un gran sociólogo amigo, Armando de Miguel, precisamente le voy a ver dentro de poco en Córdoba, y hablábamos de estas cosas. Conozco ya muchos casos; el último que he analizado que he visto personalmente, 38 años, un amago de infarto, el pobre, le quitaban el piso de su vida y su ilusión, pero claro, él debía 30 millones al banco y terminaría a los 84 años de pagar el piso. Resulta que ahora tiene 38, que se ha quedado en paro y la mujer también y tienen dos hijos, ¿quién les ha acogido? Sus padres: “Hijo mío, de hambre no te vas a morir, porque donde comen siete comen diez; ponemos una cama mueble aquí y otra aquí”. Tus padres, tu casa de siempre te va ayudar y tú trabajarás en lo que puedas y el piso se lo quedo el banco. Es que ya el dinero que tienes que pagar es más de lo que vale el piso, ¿quién está ayudándole? Su familia, los demás palabritas; es la familia los que le quieren. Y los amigos. Ha habido primos suyos que también le han ayudado, le han colaborado.
Ahora más que nunca esos valores de la generosidad, del compartir, de “el otro es mi hermano”, esa es la auténtica religión, la verdadera, la auténtica sensibilidad. Y el mundo funcionará si somos cada vez más humanos, porque el otro no me es ajeno, el otro es mi hermano, y todos esos valores que estamos diciendo en la familia tienen que ver con esto. Tenemos que ser amor de verdad; tenemos que ser esfuerzo, superación de dificultades; y nuestros niños tienen que saber que hay problemas, no le pasa nada. Yo tenía tres años y sabía perfectamente que mi padre no podía comprar una mula; estábamos pasando prácticamente hambre y partíamos el pan como podíamos y no me ha pasado nada. Me he criado bastante saludable. ¡Qué bien! No soy tímido, tengo sentido del humor, soy un tío alegre; no pasa nada. ¡Que es bueno tener dificultades! ¡Qué a mí me va a estar rica esta agua si tengo sed; pero si lo tengo todo, si no tengo sed, ¿para qué quiero el agua?
Y lo que viene, amigas y amigos míos, un mundo en el que vamos a necesitar valores fundamentales, de siempre, porque hinchar el globo constantemente no funciona. Nos engañamos. Y, ahora más que nunca, hace falta que nuestros niños y adolescentes sepan que van a la escuela y tienen que estudiar para prepararse. Ahora no somos tres mil millones, como cuando yo era niño; ahora son más de seis mil millones de personas que están en este mundo y tienen que comer y tienen que vivir. Que la televisión sigue con “Grandes Hermanos” y con bobadas y con tonterías. “Pan y toros”, pan et circenses. Pues, muy bien, que sigan engañando a la gente. Hace falta una realidad porque quien no tiene para comer, quien se queda en paro, sabéis precisamente que hoy, lo saben psicólogos, psicólogas por ahí, compañeras mías, lo que más le preocupa a cualquier ser humano, y lo que más puede darle llevarle a tener problemas cardiovasculares y de todo tipo es quedarse en paro. Más, ahora, en esta situación.
Cuento yo por varios sitios, porque me ha permitido que lo cuente, que a un ingeniero informático, muy simpático, lector de mis libros, hace dos meses, que he empezado con esta faena que te voy a decir, para que veáis por mal que estén las cosas, hay una manera positiva de orientarse. Este hombre que tiene 43 años, su mujer es maestra, tiene dos hijos y deudas como todo el mundo a esa edad, no ha pagado el piso, y se le ha ocurrido lo siguiente: “Bernabé, yo, en vez de negar la realidad, yo soy ingeniero informática”. La informática hace 12 ó 14 años era una maravilla, pero la gran empresa en que está se vino abajo y no se ha dedicado a lloriquear sigue echando curriculums, sigue intentando encontrar trabajo; pero él es un manitas, un extraordinario pintor de brocha gorda; siempre ha pintado su casa, y le ha dicho a los amigos, a los vecinos, a todo el mundo: “Oye, que estoy en paro”. Y este ingeniero se ha convertido en el más maravilloso guapetón atlético y simpático, pintor de brocha gorda. “Pinto la casa, me paguéis la pintura, lógicamente, y a partir de 5 euros pinto un piso”. Todavía nadie ha dado 5 euros, pero el tío se está montando, “oye, me dice, me harás el prólogo al libro que yo escriba dentro de un año o dos cuando termine todo esto y tenga otro trabajo, pero es que me estoy aficionando a ser un extraordinario pintor de brocha gorda”. Ya va con su mono blanco, va con su gorra y no le ha pasado nada.
Eso es capacidad de adaptación, la resilencia de que yo os hablaba, y ahora mismo sería uno de los principales valores. Es decir, no pasa nada porque no vayamos en coche, o porque tenemos que utilizar el metro, o tengamos que utilizar la bicicleta, o porque hay que ir en autobús. Estoy exagerando un poco las cosas, pero cada cual, en fin, en su lugar y en su aspecto, digamos, en el problema que pueda tener, estos son los tiempos que vienen, y para eso hay que educar desde niños en la dificultad. “Es que no quiero comerme esto”, “no, hijo mío, no hay otra cosa, tienes que comértelo y si no te lo comes, después, lo guardamos en la nevera”; “es que no quiero estudiar”, “muy bien; no te acuestas hasta que no me digas la lección”, como hacía mi padre. Ahora el niño, “no quiero tal cosa”, y todos allí, el padre, la madre, el abuelo, y todo el mundo pendiente del niñato, “pobrecito”. Ni idea de qué es educar. Nunca le he pegado a nadie ni a un hijo mío, pero se puede ser muy firme, y se puede educar diciendo, no.
Esto es lo que hay que hacer, porque el niño te echa el pulso y te quiere llevar a su terreno, pero le haces un desgraciado. Cuantas más cosas sabe hacer un niño antes, más preparado está para la vida. Imaginad alguien que su papá, su mama, su abuelita le han ido haciendo las cosas: “No he podido desayunar; no estaba mi mujer para ponerme el desayuno”. ¡Ah, caramba!¡No ha podido el caballero desayunar! “No sé, es que, chico, no había nadie”, “no encontraba un traje para ponerme”... ¿Cómo es posible que haya gente adulta que diga que no ha podido desayunar, o comer, o ponerse un traje, o lo que sea? Porque cuantas más cosas sabemos..., En mi casa como éramos ocho; ahí, cada cual, pues, hacía lo que podía por sí mismo y eso es estupendo.
Entonces, eduquemos en la dificultad, en las destrezas de todo tipo y en esa educación, estos valores son los de siempre los que hacen falta desarrollar. Menos mimo, más fortaleza; ahora mucha risa, mucha carcajada. Sé una persona alegre y divertida, evidentemente, y optimista, que no estoy hablando de tristezas, ¿eh? Yo de eso no quiero ni hablar, porque nuestra mente, si la programamos de manera negativa, esas personas que se levantan por la mañana y están ya quejándose –“¡Ay, Dios mío, vaya día me espera!”, pero van, vecino por vecino, o persona por persona, lamentándose y buscando que le compadezcan, quejándose de todo. Estas personas, cuidado, tienen su mente reprogramada, de manera negativa. Se han instalado en la queja, en la rutina negativa, y nos dice hoy la ciencia, lo comento en mi libro Poderosa-mente, que éstas no activan esa barrera que supone la potenciación del sistema inmunológico. Pero a quienes tienen a su alrededor les chupan la energía. Ellos siguen adelante, y a ti te hacen un desgraciado, porque puede ser que no tienes ganas de nada, porque no hay forma ni de contentarles, ni de consolarles; siempre tienen que estar quejándose; su mente, esa sinapsis de las células, todo está reprogramado de manera negativa. Y hay una implosión en todo, mente y cuerpo forman toda una cosa, y no les sacas de ahí; por más que vaya al médico y les receten cinco fármacos seguirán instalados ahí, porque no han cambiado de chip, no han cambiado de vida, no han cambiado de ruta. Y nos dice la ciencia, es un poco de psicología positiva, que cualquiera que siga instalado en la queja, en la rutina del lamento, en decir “¡qué desgraciado soy!”, “¡qué asco de vida!”, etc. No se cura; ya le podéis dar al psiquiatra y al psicólogo buenos euros, que le vendrá perfectamente bien, pero tú no te curas; tienes que cambiar de chip; canta, baila, ríe, da carcajadas, abraza, visualiza positivamente, haz ejercicio físico. La serotonina más fuerte es la que produce la química de nuestro cerebro, y la de nuestro cuerpo, mente y cuerpo; sales por ahí aunque llueva, te das una paliza de hora y media de correr y andar por ahí, si es posible acompañado, aunque te pegue el agua en la cara; vuelves a casa sudando, te das una ducha y tienes un montón de serotonina que te sirve para la depresión y para estar mejor. Esto es lo que hay; lo dice la ciencia. |