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Yo creo en el Jesús de Nazaret que iba con sandalias y daba lo que tenía. Pero vivimos en el mundo cómodo, ¡y qué bien vivimos todos! A lo mejor la oración tendría que ser más obras. El Dios en el que yo creo. ¡Que sabe ya que es Dios, por favor, que lo sabe y que es bueno, santísimo! Pero a lo mejor nos pide a nosotros que con nuestras obras cambiemos el mundo. Nadie nos lo va a cambiar. Hace falta gente que salga con el estandarte de la verdad, diciendo las cosas como son. Pero, repito, es que se está muy cómodo quedándonos en la periferia, pero hay que ir a la profundidad. Oigan, 500.000 mujeres, 4.000.000 de niños, antes de cumplir un mes. ¡Y qué narices estamos haciendo! ¿Quién se puede quedar tranquilo así? Yo puedo daros una conferencia preciosa, bonita, maravillosa -¡Qué bien habla Bernabé Tierno!- ¡No me da la gana! Quiero hablar al corazón. Tengo ya muchos años y mucha experiencia. Hay gente que vive nada más que para la fama; gente que vive para el boato, para la ilusión. Que le mencionen por ahí. No, cuando yo, a las seis de la mañana, todos los días, domingos, día 1 de diciembre, estoy escribiendo en mis libros, es para que la gente cambie, para que sepan que hay posibilidades.
Dios nos ha hecho muy poderosos, pero tenemos que creer en nosotros mismos, en primer lugar, y creer que todos juntos podemos muchísimo. Pero estamos adormecidos; ves a la gente que parecen que están teledirigidos; la familia es el primer y fundamental balón y las familias tienen que estar cohesionadas y estas entidades como UNICEF, AFAVI, etc. Tenemos que estar ahí unidos para decir qué podemos hacer; vamos a por todas, porque, repito, nadie nos va hacer nada. Me lo decía mi padre. “Lo que tú no hagas por ti, intenta hacer lo que puedas por los demás; pero se siempre responsable de tu vida”. Entonces, yo estoy intentando llegar a los corazones; cada cual que haga lo que pueda, y todos podemos hacer muchísimo y lo haré con los libros, con la palabra, con mis acciones, pero nadie piense que hay mayor valor que el de humanizarnos más.
Venimos de una época, acordaos en la época de los romanos, hace solamente 2.000 años, ponéis a 20 personas de 100 años una encima de otro y ya tenemos los 2.000 años. Fijaos que estando el emperador, aquella gente, miles de personas, bramaban de placer cuando uno de aquellos gladiadores, que tendría su familia, había sido vencido; disfrutaban ver cómo le destrozaban el pecho y tan tranquilos. No venimos de ser angelitos. Tenemos que ser buenas personas, generosas, preocuparnos del otro. La empatía es la base de todos los valores; quien no piense en el otro, quien no se de cuenta que el otro le va a construir –yo no soy nadie sin vosotros, ni como psicólogo, ni como escritor ni como nada-, quien piense que él es alguien; no, tú eres tú en relación a los demás. Vamos del yo al tú y al nosotros universal, y esa es la esencia de todo: el todos para todos. Pensando que el otro es un hermano, cualquiera que piense de otra manera se está equivocando.
En esa humanidad te tiene que importar mucho lo que sufre el otro. Tu tener de sobra y que el otro, pues, apenas tiene nada, está muy bien. Esos restaurantes donde cobran 300 ó 400 euros por comensal, pero, claro, con 5 euros pueden comer a lo mejor dos personas, aunque no sea más que pan y cualquier tipo de alimento. Repito, vivimos en un mundo en el que hablamos mucho, tenemos palabras, se habla de dialogo, se habla de bondad tal, pero, luego, la realidad es siempre las obras. Yo cuando no hay obras, desde luego, no me creo nada. Entonces, educamos para esos valores de siempre que tienen que ver con la generosidad, con pensar en el otro. Repito, la empatía o capacidad de ponerte el igual de los demás y saber que todas las virtudes no son nada sin la base científica y natural de esa empatía.
El otro no es un extraño, el otro es tu hermano, y ahí está, la fuerza importante de la familia y la sociedad cualquier país es lo que son sus familias, las familias están formadas lógicamente por las personas, por tanto, los que estamos aquí somos lo que es nuestro corazón, lo que es nuestra mente, lo que es la voluntad, en la medida en que nosotros seamos capaces de proporcionarnos esa felicidad a nosotros mismos porque disfrutamos haciendo el bien, hay Felicidad auténtica con mayúsculas si no hacemos el bien, el médico es feliz no porque gane mucha pasta sino porque se da cuenta que con su vida está contribuyendo a que mucha gente salve su vida, tenga menos dolores, etc, el educador es feliz porque sabe que está siendo un foco de luz para la mente de los niños de los adolescentes y así todos, con nuestra vida, con lo que hacemos, estamos consiguiendo que este mundo sea mejor, no hay nada comparable al hecho de saber que con tu vida contribuyes a que alguien sea un poco más feliz, o menos desgraciado y, entonces, las fortalezas humanas, aquello que nos hace fuertes de verdad.
Es lo que estoy diciendo: te sientes fuerte cuando eres generoso; te sientes fuerte cuando sabes que la tarea que tienes es muy difícil. A lo mejor no le cae bien a mucha gente, pero si sabes que, aunque no te sea más fácil, aunque tengas muchas dificultades, al final mucha gente va a salir beneficiada en cualquier aspecto, y esto tenemos que transmitirlo a nuestros hijos desde pequeñitos. ¿Y cómo se forma a un ser humano? Hablamos ya de educación en esos valores, desde luego no en la línea que lo hemos hecho hasta ahora, sobre todo en los últimos años, el niño lo tiene todo, tiene todos los caprichos; le estás haciendo un desgraciado. El ser humano se forma ante la dificultad. El hombre es lo que es su voluntad y la masa muscular de la voluntad de una persona preparada para la vida con verdadera fortaleza con esa capacidad de resilencia o resiliencia, que decimos los psicólogos: capacidad para rehacerte, para adaptarte.
Ahora, con motivo de la crisis, para que sepas, pues, vivir con menos, sin coche, yendo en autobús, en bicicleta, o en el metro. Y si en vez de tomar jamón de pata negra tomas mortadela, pues no se hunde el mundo; pero eres una persona feliz con lo que tienes, y para eso hay que saber adaptarse, y para adaptarse hay que estar entrenado en el esfuerzo también en el sacrificio, pero no llorando y pataleando y diciendo “¡qué asco, qué rabia!” No, no, señores; no pasa absolutamente nada. Y esa gente que no tiene absolutamente nada, que nos envidiaría en todos los aspectos, ¿Os habéis dado cuenta que en los países del cuarto mundo casi nunca los veis tristes? Ríen, cantan, bailan, aunque estén medio desnudos, comparten todo lo que tienen. Claro, la naturaleza también les ayuda para que estén alegres, aunque sea con muy pocas cosas.
¿Y sabéis hay mucha gente por ahí que su diversión es el cachondeito o, sencillamente, estar amargados porque, sencillamente, ese año han ganado 300 millones menos que el otro colega que tiene otra empresa. Tenemos que educar para el esfuerzo. Viene una nueva era; olvidémonos: ya no nos van a vender más pisos de 100 metros a 100 millones de pesetas. Eso se acabó. Ese globo deshinchado y viene la realidad y tenemos el problema que tenemos en España, porque, claro, tenemos el mayor índice de fracaso escolar, pero somos el país que hace cuatro años era la envidia en cuanto a tener trabajo y ahora el último país de Europa, quien tiene más paro. ¿Por qué? Yo no soy analista político; porque tenemos el mayor número de índice de tontos por metro cuadrado y de gente que se quedan en las palabras, pero, luego, las acciones no van, no llegan. Y no es cuestión de gastar sino de crear ese puesto de trabajo, de no cargarse al empresario. El empresario es un bien social si es un buen empresario. Y hace falta fomentar estas cosas, y las familias que están ahora mismo con problemas, ¿comerán de la crisis?
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