Son incontables. Me acuerdo de una chica perfectamente: Marta Galocha, que tiene ahora veintitantos años. Con siete años no sabía leer y cuando yo le dije "yo doy cursos a los profesores, sé más que ellos, y tu nos eres tonta, eres muy inteligente y te lo voy a demostrar" Y conseguí que en mi despacho llevara cuatro o cinco tarjetas, al principio con el nombre, papá, mamá, al lugar y luego veintitantas tarjetas con el nombre puesto para que las colocara y leyera un poquito y empezara a tener confianza en si misma. Cogió tal ilusión esa chica, que yo le dije: "dentro de dos meses estarás leyendo la que mejor". Pues, mirad, estaba yo con Iñaki Gabilondo en la Cadena Ser y llevamos a esta niña. Dos meses después, estaba ya la primera en clase y leyó 78 palabras en un minuto. Esta niña, cuando dejó de pensar que ella era tonta, que no podía leer, y empezó a tener confianza en sí misma, todo cambió.
¿Por qué empiezo por decir estas cosas para hablar del optimismo? La manera en que interpretamos los acontecimientos es determinante. Es muy cómodo decir que no podemos hacer nada, es muy cómodo quejarnos, lamentarnos. No. El ser humano que más haga no emplea más allá de un 15 un 20% de sus posibilidades. Podemos muchísimo más de lo que hacemos, lo que ocurre es que vivimos en una vida negativa. Veis muchos telediarios, tenéis que enfermar. Niños de 14 años para abajo y personas mayores de 65 años no pueden ver el telediario, porque tienen que ir al psiquiatra constantemente. Está en nuestras manos regir nuestra propia vida y, queridos educadores, padres, profesores, toda la tarea que tenéis que hacer es que ese ser humano que está ahí, -si eres una profesora de escuela infantil, pues esa criatura-, en la medida que tenga pequeños éxitos y crea en sí mismo y suba su autoestima y se sienta más competente, está formando a una buena persona. Quienes hacen daño en esta vida son personas envidiosas, frustradas, acomplejadas. ¿Quien está a gusto con lo que es? ¿a qué se dedica? A disfrutar, a vivir, para qué va a perder su tiempo. ¿Pero cómo va a ser uno tan necio que nada menos que su tiempo lo va a dedicar a otra cosa que no sea vivir? Es tan corta la vida que nada ni nadie nos puede quitar el hecho de disfrutar cada día que amanece.
¿Quién es verdaderamente inteligente? ¿El que tiene mucho dinero, el que es muy famoso? No. El inteligente de verdad es el que desde hoy dice: "día que amanezca día que disfruto". Quien no lo haga, ¡tonto perdido! Si hablan mal de ti, si se meten contigo: ¿A ti qué mas te da? Nadie te puede hacer daño sin tu consentimiento, si tu no quieres, porque no estas disponible para nadie. Pero, ¿qué hacemos si se meten con nosotros? Estamos allí como esponjas, aspirando el mal que nos hacen. ¡Seremos bobos! No sabemos vivir, nos han enseñado a todo, menos a vivir. Ves a gente con 80 ó 90 años, a lo mejor todavía rumiando los males que le han hecho. Por eso, el inteligente perdona, porque si no perdonas la espina que te han clavado la tienes ahí, te hace daño. Es cuestión de inteligencia.