Estoy en Fuengirola. Para que veáis la fuerza del pensamiento y por qué tengo esta energía y porqué sé que nos convertimos en lo que pensamos y si alguien consigue meterse en tu mente se apoderará de ti, hará de ti lo que quiera, pero eres tú el dueño de tu destino, en las peores circunstancias. Empiezo por contar esta historia. Un día lavándome los dientes, veo que sangro. No sé si era como cuando tuve úlcera de duodeno, cuando era joven. "No vaya a ser que tenga ulcera. Voy al médico y el médico me dice que vaya desde Fuengirola a Málaga para que me hicieran unas placas. Fui con mi mujer y veo que me repiten las placas, le veo una cara muy rara a mi mujer. El médico -unos treinta y tantos años- me dice: "quiero que usted no se preocupe", me dice. "Yo, de momento, me estoy empezando a preocupar porque usted me dice que no me preocupe". Pero, "le hemos detectado en cada pulmón un tumor". Yo tengo la mente muy positiva, pero el Tierno que a veces es duro, aquí se convirtió más tierno todavía. Me tranquilizo. "Bueno, ¿esto tiene operación?" "Sí, sí esto tiene operación, no se preocupe". Cuando hablé con mi mujer le dije: "no sé, los libros que estoy escribiendo... os quedará para vivir". Porque yo soy mi propio jefe.
En fin, ya preparándome, pues, para... Lo que es pensar que te vas a morir. Desde ese momento, como yo estaba convencido, porque unas placas... Ante eso no puede hacer nada Bernabé Tierno, ni nadie. Empiezo a sentir un dolor en la espalda, cojo el coche y no podía conducir. Tuvo que venir mi hijo de Madrid. "Bueno, que sea lo que Dios quiera; no sé si duraré cinco meses, seis meses, un año". Coge mi hijo el coche y yo venía en la parte delante con él. Y un dolor tremendo en la espalda. Voy a Madrid, voy a la Clínica de La Milagrosa, donde está mi hermana que es Hija de la Caridad y enfermera. Ya todo el mundo estaba sobreaviso, preocupado. Bueno, el neumólogo ve las placas y me dice: "vamos a ver, no tiene usted nada en el pulmón, lo que tiene -no sé desde cuando- es una pequeña dilatación de la aorta ascendiente y el médico, al ver la placa, pues la ha interpretado así, pero usted no tiene esto". El dolor se pasó inmediatamente, porque alguien me dijo que todo aquello que me habían dicho no era verdad. Entonces me desapareció por completo el dolor.
¿Qué pasó? Sólo mi mente. Claro, doy gracias a Dios de que eso me pasara. Yo tengo que tener cuidado ahora con la tensión, etc. No tengo ningún problema, hay esa pequeña dilatación que la tengo controlada, pero yo pensé que me moría y mi mente y todo mi ser. La parte de la espalda donde me dijeron que tenía dos tumores mi mente mandaba señales eléctricas ahí. Nos convertimos en lo que pensamos. Si esto nos pasa físicamente, imaginad psicológicamente. Por eso, cuando decimos a los profesores que si a un niño le tratas como inteligente le conviertes en más inteligente, es la pura verdad, porque esa criatura hará lo posible por activar lo mejor de si mismo.