COMPROMISO. Miriam Santorcuato, del Observatorio del Tercer Sector de Vizcaya. / ELCORREO
«Sobre todo se distinguen por su voluntad de transformación de la sociedad». Pueden ser asociaciones, cooperativas o fundaciones, y dedicarse a actividades muy variopintas, pero su objetivo siempre está relacionado con ese ánimo de mejorar las condiciones del entorno. A juicio de Miriam Santorcuato, coordinadora, junto a Rafael López Arostegui, del Observatorio del Tercer Sector de Vizcaya, el colectivo es variopinto; y tan sólo ese propósito dota a sus miembros de cierta identidad. «Las hay dedicadas a la lucha contra la exclusión social, pero también involucradas en cuestiones culturales, deportivas o relacionadas con los derechos humanos o el fomento de la participación».
La diversidad también se extiende a sus dimensiones, composición, la presencia de personal voluntario y profesional o su oferta de servicios especializados o abiertos. Sin embargo, sí existe cierta coincidencia en su trayectoria. A menudo, muchas surgen como iniciativas vocacionales para prestar una labor asistencial y, gracias a la experiencia, crecen y generan nuevas necesidades. «Hoy demandan cosas impensables hace un tiempo como herramientas para la gestión de recursos humanos y la difusión de sus trabajos, imagen, procedimientos de gestión administrativa o sistemas y certificaciones de calidad», apunta.
El Observatorio, que surgió hace tres años de la colaboración de la Fundación EDE, la Obra Social de la Bilbao Bizkaia Kutxa y el departamento foral de Acción Social, acomete la última fase de elaboración de un Libro Blanco sobre este ámbito que pronto verá la luz. Tras recoger las respuestas a una encuesta y elaborar un diagnóstico, ahora el trabajo se encuentra en una fase de debate con los propios interpelados. Sus responsables estiman que las conclusiones definitivas podrán publicarse dentro de unos meses.
Además, la institución pretende facilitar y potenciar las estructuras del Tercer Sector mediante la información y documentación, las propuestas de investigación, la edición de publicaciones o la puesta en marcha de una web en la que se intercambian experiencias. «Siempre dentro de una orientación muy práctica, cercana y útil para todos, grandes y pequeños », señala.
El análisis global, aún en fase de ejecución, también ha servido para realizar una primera cuantificación por medio del envío de encuestas. «Resulta muy difícil establecer un número exacto», advierte. Y aunque las agrupaciones han de registrarse para funcionar, no tienen que darse de baja. «Nosotros enviamos unos 5.000 cuestionarios y ahora podemos hablar de unas 4.000 en activo, aunque estamos seguros de que algunas se nos han escapado».
La evolución también se refleja en la creación de redes. «Tienden a asociarse según intereses comunes, aunque el trabajo como entidad sigue siendo muy importante », indica y, asimismo, menciona la aparición de numerosas organizaciones de inmigrantes, a menudo, articuladas según su lugar de origen, y reunidas en coordinadoras que les aportan un respaldo mayor para sus fines.
Desde la base En este campo abundante en todo tipo de proyectos, ¿es práctico que tres amigos se reúnan y creen una asociación incluso con miras a la cooperaci ón internacional? «Todas las iniciativas de participación ciudadana son positivas», alega Santorcuato. «Es interesante que surjan desde la base, que mantengan un propósito guiado por valores».
Evidentemente, su acceso a la financiación es más complicado que en el caso de las grandes entidades, con infraestructuras ya capacitadas en los procesos de captación de fondos. «Pero lasmayores han de enfrentarse a otros problemas como la gestión de sus recursos humanos». La búsqueda de recursos es una cuestión esencial y, a ese respecto, la especialista considera que el programa ‘País Vasco, un alma solidaria’, que EL CORREO desarrolla por segundo año consecutivo, supone un apoyo adicional. «La idea es buena, pero hay que esperar y ver como se gestionan las ayudas,
la difusión y su continuidad», advierte. |