Jokin Bildarratz es presidente de Eudel y alcalde de Tolosa.
Jokin Bildarratz cree que es necesario dotar a todas las personas de los resortes suficientes para salir adelante, superar situaciones de marginación y, a ese respecto, las ONG y demás entidades con vocación social cumplen una función primordial. La Asociación de Municipios Vascos- Eudel ha apoyado con entusiasmo la iniciativa ‘País Vasco, un alma solidaria’, que impulsa EL CORREO con el patrocinio del Departamento de Vivienda y Bienestar Social del Gobierno vasco y la colaboración de Caja Laboral, para financiar cinco proyectos solidarios con una dotación de 100.000 euros. El presidente de los municipios de Euskadi y alcalde de Tolosa, volcado en la defensa de los derechos humanos, considera que, frecuentemente, somos incapaces de ver los problemas de nuestros conciudadanos, los mismos que desarticulan la comunidad y generan exclusión. –A su juicio, ¿cuál es la responsabilidad social de los medios de comunicación? –Su obligación es moral y ética. Los medios de comunicación son un elemento importante para crear opinión y visualizar lo que olvidamos, esas realidades, duras e injustas, que provocan grandes diferencias entre los colectivos. A veces, resulta más fácil conocer lo que ocurre fuera, porque tenemos noticia y análisis constante de los conflictos internacionales. También es complicado asumir las lagunas propias, porque nos enfrentan a nosotros mismos, pero no podemos esconder los problemas. Esa conducta es muy perjudicial. –EL CORREO ha puesto en marcha ahora el programa ‘País Vasco, un alma solidaria’. –Un medio de comunicación debe estar enraizado, trabajar con los agentes de su entorno, implicarse y activar, motivar, porque los medios son parte implicada en el crecimiento de la comunidad. –¿Qué áreas deberían merecer especial atención? –No es fácil establecer prioridades. Parece sencillo referirse a la pandemia del sida en África, y más complicado valorar la incidencia de la enfermedad en tu propia calle. No creo que hay que valorar unas necesidades por encima de otras. Las personas se asocian a un determinado ámbito por determinadas preocupaciones, y lo realmente importante es la cantidad de ONG que ponen de manifiesto valores solidarios, que se preocupan por nuestra gente, ya sean niños marginados o adultos en riesgo de exclusión, y construyen, día a día, nuestra sociedad. –Pero una parte de la opinión pública considera que asumen un cometido de las instituciones públicas, sostenidas por las aportaciones de todos. –Es imposible llegar al universo completo de colectivos que lo están pasando mal. La Administración está obligada a ayudar a aquéllos que por fe, convicción ideológica o sentido humanista se comprometen en esas actuaciones, porque solos no pueden seguir adelante. –¿Hay que apoyar el fenómeno del voluntariado desde el ámbito local? –Sí. Aunque últimamente se dice que la implicación es menor, existen muchos grupos que participan desinteresadamente y hay que seguir animándolos, para que crezcan homogéneamente. No podemos trabajar los unos sin los otros. –En el plano municipal, ¿no se requiere una estrategia común? –Experiencias como Euskal Fondoa contribuyen a una acción común. Lo que hay que estimar es que hay estrategias locales y organizaciones locales con mucha fuerza que establecen prioridades en su localidad a la hora de tomar decisiones. Debemos reafirmar su voluntad para que sientan la ilusión de crecer. –¿Falta conciencia sobre el problema de la marginación? –La sociedad está evolucionando. No es lo mismo hablar de homosexualidad hoy y hace diez años, pero se constata un desconocimiento sobre muchas cuestiones, las nuevas demandas que se generan en un mundo cada vez más globalizado y duro, por mil motivos. No podemos olvidar que todos somos sujetos de derechos y obligaciones. –¿Qué nos depararán las próximas décadas en torno a la cuestión de la exclusión? –Las realidades sociales cambian espectacularmente. Euskadi presenta un índice de natalidad bajísimo y los servicios sociales habrán de asumir la carga del envejecimiento de la población, mientras que en el Tercer Mundo 3.200 millones subsisten con la esperanza de emigrar para progresar. Su llegada provocará cambios y habrá que generar sensibilidad hacia los nuevos modelos comunitarios, actuando sobre las posibles divisiones. –Luego, ¿ejercer la solidaridad es también una manera de resguardar nuestro futuro? –La solidaridad es también contigo mismo. Cuanto más se aprecia el individuo a sí mismo, más comprende y entiende al otro, porque hay que analizar las dificultades de los demás para construir una sociedad saneada en la que quepamos todos.
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