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Carreteras de caucho
Los neumáticos usados tienen una segunda vida como parte del aglomerado para asfaltar carreteras, una práctica que se ha aplicado en Gipuzkoa a título experimental.

JUANMA VELASCO
Si hasta hace apenas unos años los neumáticos de automóviles eran un problemático residuo contaminante que acababa apilado en viejos talleres o vertederos, ahora resulta que tienen un aprovechamiento casi total. Una doble vida. O se reutilizan -segunda mano o recauchutado-, o se reciclan como combustible en cementeras, losetas de parques infantiles, césped artificial, asfalto para carreteras...

Esta última forma de reutilización, quizás la menos extendida, está tomando mayor relevancia por sus ventajas: las carreteras asfaltadas con polvo de neumáticos fuera de uso prometen ser «menos ruidosas y más resistentes» al paso del tiempo. De momento, el uso de este material en carreteras ha tenido un carácter experimental, con 300 kilómetros construidos en toda España. Al Ministerio de Fomento la apuesta le ha convencido y, en colaboración con el de Medio Ambiente, ultima una norma para obligar al uso de polvo de neumáticos viejos en el asfalto de las obras públicas.

En Gipuzkoa, donde la competencia y titularidad de las carreteras no municipales está en manos de la Diputación, de momento no existe ninguna normativa al respecto. El inminente cambio de Gobierno foral motivado por las elecciones tampoco hace que se contemple norma alguna a corto plazo. Eso sí, el novedoso uso no es extraño. De hecho, existe una carretera rehabilitada con este tipo de material.

En concreto, se trata de tres kilómetros de la GI-2131, entre Ikaztegieta y Alegia (entre los P.K. 7,865 y 10,545). De la obra, finalizada ahora hace un año, se ocupó Coprisa, que utilizó 2.000 toneladas de aglomerado con una capa de rodadura en la que se utilizaron 110 toneladas de betún modificado con polvo de neumático.

Tras un año en funcionamiento, los técnicos de la Diputación sostienen que se ha conseguido un asfalto «menos ruidoso», una «mezcla de betún más flexible y un buen comportamiento de los materiales». No obstante, el ente foral considera la actuación llevada a cabo en la GI-2131 de carácter «experimental», puesto que «la conservación y mantenimiento de carreteras es una actividad netamente conservadora, en la que las innovaciones que se introducen deben ser cuidadosamente testadas y valoradas, antes de introducirse de forma masiva».

Pero, ¿cómo llega un neumático a formar parte de la carretera? Según explica José María Bermejo, director técnico de Signus Ecovalor -sociedad sin ánimo de lucro que gestiona la recogida del 95% de los neumáticos del mercado español-, las ruedas de caucho que se «valorizan materialmente» se derivan a «instalaciones de granulación -la más cercana está en Palencia-, donde se va triturando el caucho progresivamente y se separa el acero y el textil. El neumático queda reducido a partículas pequeñas, de entre 0,5 micras y tres milímetros, dependiendo de los usos a los que se vaya a destinar».

En el caso de las carreteras, se «utiliza el granulado más pequeño para que la partícula disuelva mejor». En el método más utilizado, el polvo de neumático «se mezcla con el betún, el material que hace de ligante para unir los áridos del asfalto». Posteriormente, ese betún modificado se utiliza en la mezcla asfáltica de la carretera. .

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